La intención de
Trotsky era demostrar que él era el heredero natural del liderazgo de
Lenin, usurpado por el representante de la mediocridad, Stalin.
Es notorio que esta
aspiración trotskista de “heredar” a Lenin, no consiste en la misión
cultural de atesorar la experiencia y pensamiento de un antecesor.
No vemos a Trotsky
apoyarse nunca en el pensamiento de Lenin, jamás cita una frase suya. De
lo que se trataba para Trotsky era de apropiarse de su prestigio. Él
(Trotsky) es un genio como lo era Lenin, ambos se entendían con sólo
mirarse. La revolución, por lo tanto, es obra de ambos.
Su tarea era ardua,
pues eran en general los “mediocres”, comenzando por Stalin, los que en
realidad habían acompañado a Lenin en su militancia bolchevique,
mientras Trotsky no sólo no estuvo allí, sino que a menudo votó y
predicó en contra del bolchevismo en el seno de la socialdemocracia.
Para contrarrestar esto viene su frase de que los bolcheviques eran
“aquellos "discípulos" que seguían fielmente al maestro en los pequeños
detalles, pero no en lo que tenía de verdaderamente grande…”
Con la carta de Krupskaya, ¿Trotsky demuestra lo próximo que estaba a Lenin en espíritu?
En ese contexto, la
referencia a la presunta soledad de Krupskaya y su carta se convierte
retóricamente en el puente que une a Trotsky con Lenin, mientras separa
al genio fallecido de sus discípulos aparentes (¡y de las propias masas
populares!):
“Y pensé cuán sola,
ahora que enterraba a su camarada de vida, tenía que sentirse entre
aquellos millones de gentes que lloraban al muerto, pero no como lo
lloraba ella, sino muy de otro modo.”
Imagine el lector:
¿Quién más que Trotsky podría comprender a la mujer que había visto “el
mundo todo a través de Lenin” y se encontraba como despertando de un
sueño en el universo de la mediocridad? La amistad de la Krupskaya se
nos desliza así como la prueba suficiente que certifica la veracidad del
relato de Trotsky, escabullido siempre del escenario de la colosal
épica de la transformación del país.
Pero nos encontramos con que también aquí Trotsky miente.
La carta de Krupskaya a Trotsky no tiene valor político. Sí lo tiene el artículo que escribe sobre unas tesis de Trotsky
La carta de Krupskaya a Trotsky, personal y sin connotación política, es de 1924. En ese mismo año, la viuda de Lenin escribe un artículo, “Lecciones de Octubre”.
No era ella lo que
Trotsky nos deja entender: una mujer dependiente intelectualmente de su
marido que, privada en su viudez del contacto sensible con las sutilezas
del genio, se descubre desamparada entre las tosquedades de la
vulgaridad. El artículo de Krupskaya, que es brillante, muestra a una
militante conciente y con perfecto dominio del tema que desarrolla.
Reproducimos su texto completo al pié de este trabajo.
En el artículo, Krupskaya, desmintiendo a Trotsky, tiene expresiones como estas:
“El Partido… guía el carro de la historia por el camino señalado por Lenin.”
“El análisis marxista nunca fue el punto fuerte del camarada Trotsky.”
“Trotsky habla
mucho sobre el Partido, sin embargo, para él, el Partido son los
líderes, los jefes. Pero aquellos que realmente desean estudiar Octubre,
deben estudiar al Partido como era en Octubre. El Partido era un
organismo vivo, en el que el C.C. (“la dirección”) no estaba desligado
del Partido, en el que los miembros de las organizaciones de base del
Partido estaban en contacto diario con los miembros del C.C.”
“…los logros de
Octubre aún no han sido totalmente consumados. Debemos seguir trabajando
con determinación para su realización. Y será peligroso y desastroso
desviarnos del camino del leninismo, un camino históricamente probado. Y
cuando un camarada como Trotsky, transita, aunque sea
inconscientemente, el camino de la revisión del leninismo, entonces el
Partido debe pronunciarse.”
Trotsky no podía
ignorar la existencia de este artículo, con el que Krupskaya interviene
en un debate público provocado justamente por él.
Krupskaya no estaba
tan sola como pretende Trotsky y militaba también ella, como lo hizo
Lenin, no del lado de Trotsky, sino junto a aquellos “mediocres” que
transformaron el país y le pusieron al siglo xx una impronta
insoslayable.
Trotsky deliberadamente comete, al apropiarse del símbolo que la Krupskaya efectivamente constituía, una nueva estafa al lector.
Lecciones de Octubre
Nadezhda K. Krupskaya
Hace dos años, en
una reunión plenaria del Soviet de Moscú, Vladimir Ilich dijo que ahora
estamos siguiendo el camino del trabajo práctico, que ya no estamos
tratando al socialismo como un simple icono que se describe en colores
brillantes. “Debemos seguir el camino correcto”, decía, “es necesario
someter todo a prueba. Las masas y la población en su conjunto deben
poner a prueba nuestros métodos, y decir: ‘Sí, este orden de cosas es
mejor que el anterior’”. Esta es la tarea que nos planteamos.
Nuestro partido, un
pequeño grupo comparado con la población total, asumió esa tarea. Ese
pequeño grupo se comprometió a cambiarlo todo, y lo cambió todo. Se ha
demostrado que esto no es Utopía, sino la realidad en que vivimos. Todos
hemos visto lo que se ha hecho. Tuvimos que hacerlo de tal manera que
la gran mayoría de los proletarios y campesinos trabajadores tuviera que
admitir: “No sois vosotros los que se alaban, somos nosotros los que
los elogiamos. Les decimos que habéis obtenido tan buenos y mejores
resultados que a ningún ser humano razonable se le ocurriría volver al
viejo orden”.
El Partido trabaja
continua e indesmayablemente. En 1924, la Promoción Leninista demostró
que la clase obrera considera al PC como su Partido. Este es un punto
importante. Es un verdadero logro, un logro permanente, y no es un
halago pequeño. En el extranjero, se nos elogia por muchas cosas, pese a
que estas cosas son todavía muy poco. Nuestro Partido dedica mucha
atención al campesinado, y no sólo al campesinado en su conjunto, sino a
las capas medias y pobres. El Partido trabaja para mejorar el aparato
soviético de base, ayuda a los núcleos de la población en su trabajo, y
espera lograr mucho más. El Partido realiza gran cantidad de trabajo
práctico de todo tipo, abarcando un enorme campo de actividad, y guía el
carro de la historia por el camino señalado por Lenin.
El Partido se ha
entregado seriamente a la realización del trabajo práctico. En nuestras
condiciones, esta es una tarea sumamente difícil y, por esa razón, el
Partido es bastante hostil a cualquier discusión. Por esa razón, el
discurso del camarada Trotsky sobre la última barricada le pareció tan
extraño a la XIII Conferencia del Partido. Y por esa razón, los más
recientes esfuerzos “literarios” del camarada Trotsky han provocado una
gran indignación.
No sé si el
camarada Trotsky ha cometido en realidad todos los pecados capitales de
los que se le acusa: en las controversias, las exageraciones son
inevitables. El camarada Trotsky no tiene por qué quejarse de eso. Él no
nació ayer, y sabe que un artículo escrito en el tono de “Lecciones de
Octubre” está destinado a suscitar el mismo tono en la controversia que
da a lugar. Pero esta no es la cuestión. La cuestión es que el camarada
Trotsky nos llama a estudiar las “lecciones de Octubre”, pero no
establece la dirección correcta para este estudio. Él propone que se
estudie el papel desempeñado por esta o aquella persona en Octubre, el
papel desempeñado por esta u otra tendencia del Comité Central, etc.
Pero no es eso lo que se debe estudiar.
Lo primero que
debemos estudiar es la situación internacional que existía en Octubre, y
la correlación de fuerzas entre las clases de Rusia en ese momento.
¿El camarada
Trotsky nos invita a estudiar esto? No. Y sin embargo, la victoria
hubiera sido imposible sin un análisis profundo del momento histórico,
sin una correcta evaluación de la verdadera correlación de fuerzas. La
aplicación de la dialéctica revolucionaria del marxismo a las
condiciones concretas en un momento dado, la correcta estimación de ese
momento –no sólo desde el punto de vista del país sino a escala
internacional–, es la característica más importante del leninismo. La
experiencia internacional de la última década es la mejor confirmación
de lo correcto de este método leninista. Esto es lo que debemos enseñar a
los Partidos Comunistas de todos los países, y esto es lo que nuestros
jóvenes deben aprender del estudio de Octubre.
Pero el camarada
Trotsky pasa por alto esta cuestión. Cuando habla de Bulgaria o
Alemania, se ocupa muy poco de la evaluación correcta del momento. Si
analizamos los acontecimientos con los lentes del camarada Trotsky,
parece que es demasiado simple dirigir los acontecimientos. El análisis
marxista nunca fue el punto fuerte del camarada Trotsky.
Esa es la razón por la que subestima tanto el papel jugado por el campesinado. Sobre esto ya se ha hablado mucho.
Debemos, además,
estudiar al Partido en Octubre. Trotsky habla mucho sobre el Partido,
sin embargo, para él, el Partido son los líderes, los jefes. Pero
aquellos que realmente desean estudiar Octubre, deben estudiar al
Partido como era en Octubre. El Partido era un organismo vivo, en el que
el C.C. (“la dirección”) no estaba desligado del Partido, en el que los
miembros de las organizaciones de base del Partido estaban en contacto
diario con los miembros del C.C. Los camaradas Sverdlov y Stalin sabían
perfectamente lo que estaba pasando en cada distrito de Petrogrado, en
cada provincia y en el ejército. Lenin también sabía todo eso, pese a
que estaba en la clandestinidad. Se le mantuvo bien informado y recibía
cartas acerca de todo lo que ocurría en la vida de la organización. Y
Lenin no sólo sabía escuchar, también sabía leer muy bien entre líneas.
Precisamente, la victoria fue posible gracias al hecho de que hubo un
estrecho contacto entre el C.C. y la organización colectiva.
Un Partido cuya
máxima dirección ha perdido contacto con la organización nunca obtendrá
la victoria. Todos los Partidos Comunistas deben aprender esto y
organizarse de acuerdo a ello.
Cuando el Partido
es muy organizado, cuando la dirección conoce la voluntad de la
organización colectiva –y no sólo sus resoluciones–, y trabaja en
armonía con esta voluntad, las vacilaciones o errores de los miembros
individuales de la dirección no tienen la importancia decisiva que les
atribuye el camarada Trotsky. Cuando la historia enfrenta al Partido con
una situación de emergencia sin precedentes y completamente nueva, es
natural que la situación no sea evaluada de la misma manera por todos.
Entonces, la tarea de la organización es encontrar la línea correcta
común.
Lenin siempre
atribuyó una gran importancia a la organización colectiva del Partido.
Su relación con las Conferencias del Partido estaba basada en eso. En
cada Conferencia del Partido, exponía todo lo que había elaborado desde
la última Conferencia. Él se consideraba responsable principalmente ante
la Conferencia del Partido, ante la organización en su conjunto. Cuando
había diferencias de opinión, Lenin apelaba a la Conferencia del
Partido (por ejemplo, en la cuestión de la Paz de Brest).
Trotsky no reconoce
el papel desempeñado por el Partido en su conjunto, como una
organización única y cohesionada. Para Trotsky, el Partido es sinónimo
de dirección central. Tomemos un ejemplo: “¿Qué es la bolchevización del
Partido Comunista?”, pregunta en “Lecciones de Octubre”. Consiste en
educar a los Partidos y elegir dirigentes que no se salgan de la senda
cuando les llegue su Octubre.
Este es un punto de
vista puramente “administrativo” y totalmente superficial. Sí, la
personalidad de los líderes es un punto de suma importancia. Sí, es
necesario que los más talentosos, los mejores, los más firmes de
carácter entre nuestros militantes sean seleccionados para ser parte de
nuestra dirección: pero esto no es una simple cuestión de capacidad
personal, sino una cuestión de si la dirección está estrechamente ligada
a toda la organización.
Hay otro factor
gracias al cual se logró la victoria en Octubre, y consiste en la
correcta estimación del rol y la importancia de las masas. Si se lee
todo lo que Lenin escribió sobre el papel jugado por las masas en la
revolución y en el desarrollo del socialismo, se verá que la estimación
del papel que desempeñan las masas es una de las piedras angulares del
leninismo. Para Lenin las masas nunca son un medio, sino el factor
decisivo. Si el partido va a dirigir a millones, debe estar en estrecho
contacto con esos millones, debe ser capaz de comprender la vida, los
sufrimientos y las aspiraciones de las masas. Bela Kun relata que cuando
comenzó a hablarle a Lenin acerca de una guerra revolucionaria contra
Alemania, Lenin le replicó: “Yo sé que usted no es un charlatán, mañana
haga un viaje al frente y vea si los soldados están listos para una
guerra revolucionaria”. Bela Kun viajó al frente y vio que Lenin tenía
la razón.
En “Lecciones de
Octubre”, no encontramos ningún intento de estudiar este aspecto de la
revolución de Octubre. Todo lo contrario. Al desarrollar su evaluación
de los sucesos alemanes, el camarada Trotsky subestima la pasividad de
las masas.
Un cierto Sirkin
tiene una interpretación tonta del libro de John Reed. Muchas personas
son de la opinión de que no debemos poner el libro de John Reed en manos
de los jóvenes. Contiene inexactitudes y leyendas. No se debe aprender
la historia del Partido leyendo a Reed. ¿Por qué entonces Lenin
recomendaba este libro con tanto cariño? Porque en el libro de John
Reed, esta cuestión no es el punto principal. El libro nos da una
excelente y artística descripción de la psicología y las tendencias de
los sentimientos de las masas de soldados y obreros que realizaron la
revolución de Octubre, y de la torpeza de la burguesía y sus lacayos.
John Reed permite –incluso al más joven comunista– captar el espíritu de
la revolución, mucho más rápido que la lectura de docenas de protocolos
y resoluciones. No es suficiente que nuestros jóvenes conozcan la
historia del Partido, es de igual importancia que sientan el pulso de la
revolución de Octubre. ¿Cómo pueden convertirse en comunistas nuestros
jóvenes, si no conocen otra cosa que las condiciones del Partido en el
sentido más estrecho, y no sienten lo que fueron la guerra y la
revolución?
El camarada Trotsky
aborda el estudio de Octubre desde el lado equivocado. La evaluación
incorrecta de Octubre está a un solo paso de la evaluación incorrecta de
la situación actual y de la evaluación incorrecta de una serie de
fenómenos de enorme importancia. La evaluación incorrecta de la
actualidad conduce a decisiones y acciones equivocadas. Cualquiera puede
entender esto.
Lo que ya ocurrió
no se puede deshacer. Dado que “Lecciones de Octubre” ha visto la luz
del día, debe ser discutido a fondo en la prensa y en la organización
del Partido. Esto debe hacerse de una forma accesible para todos los
miembros del Partido.
Nuestro Partido ha
crecido considerablemente en número. Amplias masas de obreros se unen al
Partido; pero estos obreros no están lo suficientemente informados
sobre las cuestiones planteadas por el camarada Trotsky. Las cosas que
son perfectamente claras para un viejo bolchevique que ha luchado
incansablemente por la línea leninista, no son claras para el joven
militante del Partido. El leninista debe aprender, sobre todo, a no
decir que “la discusión de esta cuestión perturba nuestro aprendizaje”.
Por el contrario, la discusión de esta cuestión nos permitirá obtener
una comprensión aún más profunda del leninismo.
El camarada Trotsky
dedicó todas sus fuerzas a la lucha por el poder soviético durante los
años decisivos de la revolución. Se comportó heroicamente en su difícil
puesto de responsabilidad. Trabajó con energía sin precedentes y realizó
portentos para los intereses de la salvaguardia de la victoria de la
revolución. El Partido no olvidará esto.
Pero los logros de
Octubre aún no han sido totalmente consumados. Debemos seguir trabajando
con determinación para su realización. Y será peligroso y desastroso
desviarnos del camino del leninismo, un camino históricamente probado. Y
cuando un camarada como Trotsky, transita, aunque sea
inconscientemente, el camino de la revisión del leninismo, entonces el
Partido debe pronunciarse.
Fuente: The Errors of Trotskyism, mayo de 1925, publicado por el Partido Comunista de Gran Bretaña.