domingo, 7 de abril de 2013

Reformistas y revolucionarios

Articulo extraído del blog Les communards y publicado el 5 de abril del 2013 donde se debate y se discute sobre política, desde un enfoque marxista radical. En este blog es una herramienta muy útil para formarnos y aprender a diferenciar lo que es verdadera lucha de clases socialistas de lo que son solo meras formas de lucha motivadas  por el descontento que es producido por la  actual crisis-estafa. Muchas veces tras la indignación se ocultan ideologías que inconsciente o conscientemente lo único que buscan es la desactivación de las justas reivindicaciones de la clase trabajadora que de una manera o otra puede derivar en la preservación de la dictadura de la burguesía, incluso a través de regimenes violentos como el fascismo. Es deber de todo revolucionario conocer y denunciar el oportunismo y el populismo que solo favorece a las clases mas ricas.
http://lescommunards.blogspot.com.es/


viernes, 5 de abril de 2013


Reformistas y revolucionarios

Cuando un sistema (económico, social, político, educativo...) comienza a perder apoyos y legitimidad surgen dos tendencias: los reformistas y los revolucionarios. Los primeros creen que el sistema debe ser mejorado, los segundos creen que debe ser reemplazado por otro. 
En este artículo nos vamos a centrar en las posiciones de los reformistas y las de los revolucionarios con respecto al sistema capitalista. Incluiremos en la categoría de reformistas a aquellos que desean romper con el capitalismo mediante reformas institucionales. Nos referimos aquí al sistema en su totalidad, no únicamente a sus aspectos económicos.
Como ya sabemos, el capitalismo tiene como base la propiedad privada de los medios de producción (materias primas, fabricas, empresas, bancos...) y la división de la sociedad en dos clases: proletarios y burgueses. Los proletarios, en palabras de Engels, son "la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo". Es decir, personas que se ven obligadas a trabajar porque no tienen otra forma de sobrevivir. La burguesía sería "casi los únicos poseedores de todos los medios de existencia, como igualmente de las materias primas y de los instrumentos (máquinas, fábricas, etc.) necesarios para la producción de los medios de existencia." Evidentemente estas definiciones son muy abstractas y simplificadas, y existen por supuesto más clases, pero nos bastarán para comprender el artículo.  
Aunque quien me haya leído o me conozca sabe que soy partidario de la revolución, voy a tratar de ser imparcial. Se trata de dejar que el lector se forme su propia opinión.

Reformistas 

Término utilizado por los revolucionarios como insulto, reformista viene a ser aquel que desea mejorar el sistema capitalista sin cuestionar en ningún momento sus bases. Así, el reformista quiere aumentar salarios, subir los impuestos a los más ricos, reducir la jornada laboral, instaurar una República (si vive en una monarquía), nacionalizar la banca, mejorar las condiciones laborales, combatir la corrupción, defender los servicios públicos de las privatizaciones. El filósofo revolucionario F.Engels les define así:
[Los reformistas] son partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses [sinónimo de reformistas], puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir.
Parece que los comunistas -los revolucionarios- llevan enfrentados al reformismo desde hace siglos. El revolucionario ruso Vladimir 'Lenin' también nos da su opinión sobre ellos:

 Los reformistas pretenden dividir y engañara con algunas dádivas a los obreros, pretenden apartarlos de su lucha de clase

O sea, que los reformistas tienen como intención simplemente lograr algunas mejoras y de esa forma, según los revolucionarios, lo único que consiguen es impedir la concienciación rupturista de los trabajadores. El mensaje que envían al proletariado sería algo así como: "olvida la lucha de clases, un capitalismo social y humano es posible".

Ante estos argumentos los reformistas tienen, por supuesto, algo que decir. Según ellos las revoluciones comunistas han fracasado históricamente y sería dogmatismo puro seguir tratando de llevarlas a cabo. Esto, dicen, se arregla con reformas y volviendo a aquella feliz época en que los trabajadores europeos conquistaban derechos mediante la lucha sindical y parlamentaria (años 50-60).

Un buen ejemplo de reformista en el Estado español es el catalán Vicenç Navarro. En un artículo en el que critíca la privatización de la sanidad, el catedrático explica que
lo que se necesita en España es una sanidad multiclasista universal y única que tenga los atributos de la privada y la calidad de la pública. Pero para conseguir tal objetivo se requiere un gasto público mucho mayor. La reducción del gasto público sanitario que está ocurriendo en España es un paso enormemente regresivo que deteriora toda la sanidad española. Así de claro.
Básicamente vemos aquí una idea que se repite en sus artículos: hay que aumentar el gasto público para proteger los servicios públicos. Es una medida totalmente propia de la socialdemocracia y de la izquierda reformista que un revolucionario rechazaría. 


Los reformistas desean un Estado más grande, que intervenga más y así pueda corregir la desigualdad social generada por el sistema capitalista. Se trata, en el fondo, de perpetuar este sistema pero haciéndolo más humano y paliando las injusticias que provoca. Más que contra el capitalismo, luchan contra el neoliberalismo, contra el "capitalismo salvaje". Veamos una cita del reputado economista Juan Torres López donde hace un evidente culto al reformismo:

Hay sectores sociales (...) que coinciden totalmente con las propuestas de regeneración y reconquista de los derechos que planteamos: que quieren que se pidan responsabilidades, que no se permita robar, que se combata la corrupción, que se garantice la financiación a la economía antes que los privilegios de la banca privada, que se facilite la creación de empresas y de empleo eliminando nuestra dependencia de las grandes multinacionales y grupos bancarios, que las instituciones se corresponsabilicen con el cuidado de los dependientes a través del gasto social o que se respete el medio natural por encima de todo.
Se trata de mejorar el sistema, jamás de destruirlo.

Otro ejemplo muy repetido es el de aquel reformista que considera que la llegada de la República a España sería un gran paso en la lucha por un mundo mejor. Así describe la llegada de una posible Tercera República el reformista medio:
Se abre la dicotomía de continuar con la Tercera Dictadura, de futuro más que incierto por los costes que está suponiendo a los ciudadanos, o abrir las puertas a la llegada de la Tercera República, dónde la lucha contra la corrupción y la desigualdad social, así como el establecimiento de una democracia real con control popular y el mantenimiento de los derechos sociales sean sus principales banderas. De ser así, esperamos que llegue pronto de forma tan pacífica y festiva como lo hizo la Segunda en 1931. (Tercera República o Tercera Dictadura)
Se trata pues de construir una sociedad en la que se luche por los más desfavorecidos y en la que los trabajadores tengan más poder. Algo parecido a la Segunda República (1931-1939) en la cual se llevaron a cabo importantes avances en materia cultural, educativa, laboral, política... sin cuestionar el sistema de producción capitalista (hasta 1936).

Tenemos otro tipo de reformistas, solo que estos están mucho más camuflados. De palabra se declaran revolucionarios, y dicen desear acabar con el capitalismo, pero en la práctica proponen reformismo o estrategias que no pueden llevar a una revolución. Lenin les llamaba despectivamente "los liquidadores". 
¿Qué vemos en definitiva? De palabra, los liquidadores rechazan el reformismo como tal, pero de hecho lo aplican en toda la línea. Por una parte nos aseguran que para ellos las reformas no son todo, ni mucho menos; mas, por otra, siempre que los marxistas van en la práctica más allá del reformismo, se ganan las invectivas o el menosprecio de los liquidadores.
Hablamos de personas que atacan al capitalismo y proponen como alternativa el socialismo, pero que en la práctica huyen de cualquier intento revolucionario como de la peste. Pretenden acabar con este sistema mediante reformas, poco a poco y desde arriba. No hablan de revoluciones, sino de elecciones.

Esto nos recuerda al famoso "fundador" del revisionismo: Eduard Bernstein (1850-1932). Él creía que había que revisar seriamente la teoría marxista y adaptarla al siglo XX. Una de sus propuestas fue cambiar la insurrección revolucionaria por la revolución desde los parlamentos y la lucha sindical. Es decir: se acabó la revolución violenta, a partir de ahora habrá que luchar utilizando la lucha electoral y las reformas logradas con huelgas y movilizaciones. Rápidamente, como cabía esperar, los revolucionarios le dedicaron una sarta de artículos, libros e insultos acusándole de liquidador.

En resúmen:
  • Los reformistas pretenden mejorar el capitalismo, hacerlo más humano. Luchan por volver a la época del bienestar, cuando los trabajadores europeos eran fuertes y podían lograr concesiones por parte de la burguesía. Piden medidas tales como la nacionalización de la banca, el aumento del salario mínimo, la lucha contra las desigualdades... siempre sin cuestionar las bases del sistema capitalista.
  • También existen personas que quieren acabar con el capitalismo mediante reformas parlamentarias y luchas sindicales. Son los llamados liquidadores.
Revolucionarios
La Real Academia Española define revolución como "cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación". Los revolucionarios suelen estar más o menos de acuerdo con esta definición, pero añaden que el cambio es radical (es decir, de raíz) y que lleva a la construcción del socialismo. O sea, que la definición nos quedaría así: una revolución es un cambio violento y radical en las instituciones políticas, económicas y sociales que lleva a la sustitución del capitalismo por el socialismo. El socialismo es la dictadura del proletariado. Otro prefieren la definición del revolucionario chino Mao: "Una revolución es un levantamiento violento por el cual una clase derroca a otra".


Aquí no se trata de reformar el capitalismo, de hacerlo más humano, sino de destruirlo para sustituirlo por un sistema socialista. Karl Marx, en su Mensaje a la Liga de los Comunistas (1850), explica brevemente la diferencia entre los comunistas (revolucionarios) y los reformistas: 
Para nosotros no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.

El objetivo de los revolucionarios no es nacionalizar bancos y empresas, aumentar salarios ni subir los impuestos a los ricos para redistribuir mejor la riqueza. Hablan sin complejos de acabar con el sistema en su totalidad y crear un mundo nuevo bajo el gobierno de los trabajadores. En ningún momento aceptan que esta tarea pueda llevarse a cabo mediante reformas parlamentarias y luchas sindicales. Pero cuidado, esto no significa que no luchen por reformas favorables al proletariado:
A diferencia de los anarquistas -dice Lenin-, los marxistas admiten la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la situación de los trabajadores que no lesionan el poder, dejándolo como estaba, en manos de la clase dominante
Se trata de utilizar las reformas para ganarse a los trabajadores, lo que no indica que los revolucionarios vean en estas un fin en si mismo. Ellos creen en la filosofía marxista, una de cuyas bases es la ley de los cambios cuantitativos en cualitativos. Esta ley viene a decir que los cambios son primero cuantitativos (cambian de "cantidad") pero que llegados a cierto punto se vuelven cualitativos (cambian totalmente al objeto que estaba cambiando cuantitativamente). Traducido al tema que nos atañe, los revolucionarios creen que primero hay cambios cuantitativos (reformas, concienciación de los trabajadores, aumento del enfrentamiento entre clases, subida de partidos comunistas...) pero que llegados a cierto punto son cualitativos, y entonces llega la revolución. Pero, dicen, los reformistas se quedan en los cambios cuantitativos y jamás llegan al cambio cualitativo. O sea: se quedan en las reformas y no culminan la tarea.
Los reformistas tienden a acusar a los revolucionarios de "dogmáticos ortodoxos" que viven en el pasado y no comprenden cómo funciona el mundo del siglo XXI. Sienten repudio por su obsesión por la teoría revolucionaria, a la que ellos no dan tanta importancia. No creen que esta sea tan crucial, sino que es más importante moverse: ir a manifestaciones, a huelgas, presentarse a las elecciones, difundir artículos... Veamos qué dice el revolucionario ruso:
Sabemos que nuestras palabras provocarán un montón de acusaciones, que se nos echarán encima: gritarán que queremos convertir el partido socialista en una orden de "ortodoxos", que persiguen a los "herejes" por su apostasía del "dogma", por toda opinión independiente, etc. Conocemos todas estas frases cáusticas tan en boga. Pero ellas no contienen ni un grano de verdad, ni un ápice de sentido común.
y añade:
No puede haber un fuerte partido socialista sin una teoría revolucionaria que agrupe a todos los socialistas, de la que éstos extraigan todas sus convicciones y la apliquen en sus procedimientos de lucha y métodos de acción.
Para Lenin no es que los revolucionarios sean "puros" u "ortodoxos", sino que una revolución es algo tan importante que es necesario mantener una doctrina firmemente rupturista que escape de cualquier influencia reformista. Por supuesto, esto no significa que los revolucionarios no deban militar en partidos u organizaciones que tiendan al reformismo, ni que se encierren en un Partido formado por cuatro iluminados. Se trata en todo caso de no renunciar al marxismo, ni aplicarle enmiendas reformistas que frenen la revolución.

Otro tema polémico entre reformistas y revolucionarios es el uso de la violencia. Por supuesto aquí los revolucionarios son tajantes: acabar con el sistema supone utilizar las armas. La clase dominante, dicen, se resiste al cambio utilizando tanto sus medios ideológicos (para alentar a acabar con la revolución) como sus medios militares y policiales. Por tanto hay que armarse contra los reaccionarios. El mismo Lenin explica:
Una clase oprimida que no aspire a aprender el manejo de las armas, a tener armas, no puede ser considerada más que como una clase de esclavos. Nosotros, sino queremos convertirnos en pacifistas burgueses ó en oportunistas, no podemos olvidar que vivimos en una sociedad de clases, de la que no hay otra salida que la lucha de clases.

Pero esto no significa descartar la posibilidad de que la revolución pueda llegar a ser pacífica, o al menos no demasiado violenta. Dicho esto, me temo que esta posibilidad es ínfima.

Los reformistas, por su parte, acusan a los revolucionarios de querer generar caos y matanzas. Creen sinceramente que se puede acabar con el sistema, o reformarlo, sin necesidad de empuñar un arma. Les suele horrorizar la simple posibilidad de la violencia revolucionaria, pero evidentemente existen excepciones.


En definitiva, los revolucionarios quieren transformar la sociedad de raíz. No quieren una educación mejor, sino una educación totalmente nueva y basada en otros principios ideológicos y organizativos que la actual. No quieren mejorar la posición de la mujer en la sociedad, sino que esta sea igual al hombre en todos los aspectos. No quieren subir los impuestos a los más ricos, quieren que no haya ricos (ni pobres). No quieren reformar la ley electoral, quieren una democracia participativa y que esté al servicio de los trabajadores. 

Y así podríamos escribir cientos de páginas, pero la diferencia entre reformistas y revolucionarios se puede resumir en lo siguiente: los reformistas quieren reformar (léase mejorar) la sociedad actual y los revolucionarios quieren sustituirla por una totalmente nueva.

Resumiendo:
  • Los revolucionarios quieren destruir el sistema en su totalidad, lo que no significa que no luchen por ciertas reformas que impulsen la revolución.
  • Los revolucionarios no tienen inconvenientes en unirse en determinados casos a los reformistas. Tampoco rehuyen la posibilidad de utilizar la violencia durante la insurrección, que muchos perciben como inevitable.

Manifestación por la 3ª República


La venganza de Marx: cómo la lucha de clases da forma al mundo

7 de abril de 2013

La venganza de Marx: cómo la lucha de clases da forma al mundo

Por Nikolai Erlib. Enviado por Natalia Orlova. Reproducido por el Partido Comunista de los Obreros de Rusia-Partido Comunista Revolucionario. Traducción Marcos Durán e Igor T.


Comentario al artículo, muy notable, realizado por Michael Schumann para la revista "Time". El autor describe la insondable brecha creciente que separa a ricos y pobres, y ve esto como una amenaza de venganza histórica de Karl Marx, que de repente tiene razón en su diagnóstico sobre el capitalismo, pues los derechos de los trabajadores están siendo liquidados abiertamente por el triunfo pasajero del capitalismo.


Schumann, como muchos antes que él, hablaron en un tono similar mostrando que en toda nuestra realidad, no ve que haya habido una modernización del sistema actual. Hace poco en unos comentarios se preguntaba si se ha "modernizado el capitalismo de 3,0", lo que ahorraría al sistema existente de tantos beneficiarios. Yo personalmente no veo ninguna razón para entender que haya esta actualización, ni que puedan ser vista por los economistas occidentales. La medida, es entender en términos de la ciencia burguesa o marxista las causas profundas de la crisis actual, sino mantener el viejo modelo, que ahora visiblemente se derrumba, y que no pueden proponer una solución distinta, de las formas paliativas de mantenimiento del sistema existente a flote. Por supuesto, esta pobreza ideológica, contrasta especialmente con el marxismo, que cuenta con un conjunto de soluciones posibles para un tiempo largo y con una elaborada teoría práctica. En realidad, esto es lo que los autores temen, que la crisis actual ha dado lugar no sólo a la verdad teórica y sino a la verdad práctica de Marx.



También es de destacar la importante observación de Schumann, en la manera de mejorar el destino socialista del capitalismo, salvando la debacle del sistema actual. A medida que la crisis se desarrolla, la polarización de las formas de resolverla crecerá y muchos moderados de los partidos de izquierda y movimientos con crecientes contradicciones internas por romper con el orden mundial existente, les impulsará a tomar una dirección u otra.



El intento del autor para situar la posición de los problemas chinos son comprensibles, pero China siente los efectos de la crisis, y no a través de las ondas que le llegan desde el epicentro norteamericano. Debido a que existe un temor muy claro que si los legisladores chinos no quedan en medidas abstractas y reforman el sistema capitalista, estas reformas se quemarán en el fuego de la lucha de clases,  porque dentro del enfoque del "civilizado Toynbee" significaría el fin de la civilización occidental, ya que según Toynbee, todas las civilizaciones existentes han sido víctimas de guerras o por la lucha de clases. El historiador británico, que cuando existía la URSS emitía sus juicios desde el ala de las contradicciones del Marx burgués en la mitad del siglo XX, pregunta retóricamente (ver "La civilización ante el tribunal de la historia") si la civilización occidental es una excepción a esta regla. Ahora bien, es muy posible que en vida de la actual generación se constate que las excepciones a esta regla no existen, y que no hay otras direcciones solamente los dos enfoques diferentes, o la actual o la marxista, y que las dos darán el mismo resultado, a saber, la muerte de Occidente como una civilización opresora y la muerte del capitalismo como sistema.




Pensemos que Karl Marx está muerto y enterrado. Con el colapso de la Unión Soviética y el gran salto adelante de China del comunismo al capitalismo, estos acontecimientos se convirtieron nada más como un telón de fondo extraño de las peripecias que se desarrollan en las películas de James Bond, y la filosofía desviada de Kim Jong Il. Parece que la lucha de clases, que según Marx, debe determinar el curso de la historia, simplemente se desvaneció en la era del libre comercio y la prosperidad de la empresa. La globalización es un resorte de gran alcance que conecta todos los rincones más remotos del mundo, recaudando el beneficio financiero global, mediante bonos, outsourcing, e "ilimitada" producción, sobre todo gracias a los genios tecnológicos de Silicon Valley a las chicas de las granjas chinas, cualquiera tiene una buena oportunidad de hacerse rico. En las últimas décadas del siglo 20 en Asia se experimentaron los más significativos intentos en la historia de la humanidad, por reducir la pobreza, y todo gracias a las herramientas capitalistas del comercio, los negocios y la inversión extranjera. Obviamente, parece que el capitalismo cumple su promesa de elevar el nivel de vida de cada uno a un nuevo nivel de riqueza y prosperidad.



Si así pensáramos, dada la prolongada crisis de la economía mundial, y el hecho de que las personas que trabajan en todo el mundo sufren un crónico desempleo, las deudas y la falta de crecimiento de los ingresos, corrobara la fuerte crítica de Marx al capitalismo, en particular por el hecho de que el sistema es inherentemente injusto y autodestructivo. El autor no puede a su antojo, desconectar y poner en "off" a Marx, porque describió como el sistema capitalista llevará inevitablemente al empobrecimiento de las masas, ya que la riqueza del mundo se concentra en las manos de una minoría codiciosa que causan las crisis económicas, y el conflicto creciente entre los ricos y la clase obrera, "La acumulación de riqueza en un polo es al mismo tiempo la acumulación de la miseria, de los tormentos del trabajo, la esclavitud, la ignorancia y toscamente la degradación moral en el polo opuesto" (El Capital. Carlos Marx).



Unas crecientes evidencias sugieren que tal vez se acercan sus razonamientos al presente actual. Y en contra de los medios, la realidad está más enfrentada con las estadísticas que prueban que los ricos se hacen más ricos y la clase media y los pobres, no son más pobres. El informe de septiembre hecho publico por "Economic Policy Institute de Washington", decía que en los EE.UU. en 2011, el ingreso promedio anual de los hombres que trabajan a tiempo completo, era de 48.202 dólares menos que en 1978. Según los expertos del Instituto, de 1983 a 2010 en los EE.UU. el 74% del aumento de la riqueza, representaron el 5% de las personas más ricas del país; mientras que el 60% de los ingresos de los más pobres en el país cayeron. No es sorprendente que algunos han decidido volver a visitar las obras del gran filósofo alemán del siglo XIX. En China, un país marxista que han recordado al filósofo. Zhuntszyun Yu (Yu Rongjun), que inspirado en los acontecimientos del mundo, escribió un musical basado en "El Capital" de Karl Marx. "Ahora es exactamente como se describe en este libro", dijo el dramaturgo.

Esto no quiere decir que Marx tenía todas las recetas. "La dictadura del proletariado" no funcionó como estaba previsto. Pero las consecuencias de esta creciente desigualdad, Marx lo predijo: de nuevo hay una renovada lucha de clase. La clase obrera de todo el mundo cada vez está más iracunda y exigen su parte que le corresponde de la economía global. Desde el Congreso de los EE.UU. a las calles de Atenas, bajo los entresuelos chinos, se desarrollan los acontecimientos políticos y económicos, que cada vez son más dependientes de la tensión creciente entre el capital y el trabajo,  que han logrado llegar a un nivel que no se veía desde los tiempos de las revoluciones comunistas del siglo 20. A partir de eso, se traducirá en una gran lucha que dependerá de la dirección de la política económica mundial, es el futuro del estado del bienestar, es la estabilidad política en China, así como quién llevará las riendas desde Italia a los Estados Unidos. 

¿Qué diría Marx hoy? Algo así como "te lo dije"; como Richard Wolff, un economista de la New School de Nueva York. "La diferencia de ingresos conduce a una tensión que no había visto antes en mi vida. "


La sociedad está dividida en el "99%" (la gente común, tratando de sobrevivir), y el "1%" (super-ricos, las personas que se están enriqueciendo día a día.)  De acuerdo con una encuesta realizada por el Pew Research Center en el año 2012,  dos terceras partes de los encuestados creen que los EE.UU. están ahora en un conflicto "grave" o "muy grave" entre ricos y pobres, es un 19% más que en 2009."

Estos conflictos caracterizan la política estadounidense. La guerra de guerrillas en torno a la cuestión de cómo lidiar con el déficit presupuestario, en su mayor parte es una lucha de clases. Tan pronto como el presidente Barack Obama habla sobre la forma de aumentar los impuestos para los más ricos a fin de cerrar el déficit presupuestario, los conservadores empiezan a gritar que quiere iniciar una "lucha de clases" en contra de los estadounidenses ricos. Sin embargo, los propios republicanos están de alguna manera interviniendo en esta lucha de clases. El plan republicano para mejorar el presupuesto de salud efectivamente transfiere la carga a la clase media y los pobres, al reducir los costos de la seguridad social. Obama en su campaña hizo hincapié en el hecho de que los republicanos no quieren escuchar las necesidades de la clase obrera. El candidato en las elecciones del Partido Republicano, Mitt Romney en palabras de Obama, tiene un plan para la economía de EE.UU. en un sólo punto: "garantizar que los ricos jueguen con reglas diferentes".

Entre todas estas declaraciones, hay señales de que el nuevo clasismo estadounidense tiene un impacto en el contenido de los debates acerca de las políticas económicas de la nación. Esta economía de goteo, enseña que el éxito de los ricos, ese 1% de seguro sanitario, beneficiará al restante 99% de la población, pero ya han salido críticos. David Madland, director del Centro para el Progreso Estadounidense, una organización de investigación en Washington, dijo que durante la campaña electoral de 2012 fue el foco de la restauración de la clase media y la búsqueda de un nuevo programa económico, que puede ayudar a realizar esta tarea. "Toda la filosofía de la economía al revés", dijo. "Veo que lo que está ocurriendo llevará a un cambio fundamental en las conciencias".
La ferocidad de la nueva lucha de clases es mucho más pronunciada en Francia. En mayo de 2012, cuando la crisis financiera y los recortes presupuestarios consolidados profundizaron la brecha entre ricos y pobres, los franceses votaron por el candidato socialista Francois Hollande, quien dijo una vez: "Los ricos no son como nosotros".  Permaneció fiel a su palabra. Un factor clave que ha ayudado a ganar, fue la promesa para sacar más dinero de los ricos para mantener el estado de bienestar francés. Para evitar fuertes recortes del gasto, al revés de otras políticas de otros países europeos, Hollande planea elevar el impuesto sobre la renta para los ricos al 75%. Aunque el Consejo Constitucional no le ha permitido continuar con su plan, Hollande todavía sigue buscando formas de introducir tal medida. Al mismo tiempo, Hollande ha comenzado a aplicar políticas encaminadas a resolver los problemas de la gente común. Abolió la impopular entre la gente decisión de su predecesor de aumentar la edad de jubilación,  lo que es lo mismo a los 60 años, para algunas categorías de trabajadores. Mucha gente en Francia quieren que Hollande fuera aún más lejos. "La ley del aumento del impuesto debería ser el primer paso para que el gobierno reconozca que la forma actual del capitalismo ha llegado a ser tan injusto e ineficiente que puede colapsar si no se emprenden reformas fundamentales", dijo Charlotte Boulanger, cuya actividad consiste en el desarrollo de estrategias para las ONG.
Sin embargo, su táctica provocó que la clase capitalista tomara represalias. Mao Zedong, insitió en que "el poder nace del cañón de pólvora", pero en un mundo donde el capital es cada vez más móvil, el arma de la lucha de clases también está cambiando. En lugar de pagar a Hollande, algunas marcas francesas millonarias se van fuera del país, llevando consigo los tan necesarios puestos de trabajo y la inversión. Jean-Emile Rosenblum, fundador Pixmania.com, sugirió mejorar la vida y los negocios en los EE.UU., donde, en su opinión, el clima es mucho más propicio para los negocios. "la intensificación de la lucha de clases, es una consecuencia normal de cualquier crisis económica, pero la explotación política de este conflicto es demagógica y discriminatoria", dice. "En lugar de depender de los empresarios para crear empresas y puestos de trabajo, lo que nos han hecho en Francia es expulsarnos".

La brecha entre ricos y pobres es quizás más evidente en China. La ironía es que Obama y el recién nombrado Presidente de China, Xi Jinping, tienen que resolver el mismo problema. La lucha de clases en crecimiento, este fenómeno no sólo se desarrolla lentamente, descubre las grietas del mundo industrial. Incluso en una economía como la china, de mercado en rápido desarrollo, la fricción entre ricos y pobres se está convirtiendo en un importante reto para los responsables políticos. Contrario a la creencia de que muchos estadounidenses y europeos están enojados, China no es un paraíso para los trabajadores. "Tazón de arroz de hierro", garantizó el trabajo Mao, permanente para todos, es una promesa del pasado, junto con el maoísmo, y durante la reforma de las condiciones de los trabajadores, han disminuído sus derechos. Incluso a pesar de que los salarios de los trabajadores de las ciudades de China están creciendo rápidamente, la brecha entre ricos y pobres es enorme. Otro estudio realizado por Pew encontró que casi la mitad de los encuestados chinos creen que la brecha entre ricos y pobres, es un problema serio, y 8 de cada 10 chinos están de acuerdo con la afirmación de que "en China los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres".
El resentimiento casi ha alcanzado el punto de ebullición en las ciudades industriales de China. "Los extranjeros piensan que tenemos una buena vida, pero la vida real en la fábrica es muy diferente del ideal", dice Peng Ming, uno de los trabajadores de fábricas en el sur del enclave industrial de Shenzhen. "Largas horas de trabajo, aumento de los costos, administradores indiferentes a las demandas obreras, los atrasos salariales, nos estamos pareciendo al proletariado occidental"; "Marx escribió: Los ricos ganan dinero mediante la explotación de los trabajadores", dice Huan Guohau, otro empleado de la fábrica en Shenzhen. "El comunismo, esto es lo que esperamos". Según ellos, si el gobierno no toma ninguna medida para mejorar su calidad de vida, estarán listos para funcionar de forma independiente. "Los trabajadores se organizarán", predice Peng. "Los trabajadores nos uniremos".
Tal vez esto ya está sucediendo. Describir el crecimiento del descontento de los trabajadores chinos es difícil, pero los expertos dicen que está creciendo. La nueva generación de trabajadores de las fábricas, conocen las experiencias de sus padres, gracias a Internet, más abiertamente expresan sus demandas para aumentar sus salarios y condiciones de trabajo; Si bien la respuesta del gobierno fue mixta. Los legisladores han elevado el salario mínimo, las leyes laborales defienden a la clase obrera, la protegen, de sus derechos y, en algunos casos, incluso les permiten organizar una huelga. Sin embargo, el Gobierno aún no aprueba el activismo individual, y a menudo se utiliza la fuerza. Esta táctica ha privado al proletariado, a la dictadura del proletariado de fe en su poder. "El gobierno piensa que las compañías son más fuertes que nosotros,", dijo Huan. "Si el gobierno no va a reformar la economía, el trabajador chino ordinario tiene que beneficiarse del crecimiento de la economía nacional, y si esto no es así, se correrá el riesgo de provocar disturbios sociales".
Marx predijo precisamente este efecto. Cuando el proletariado consciente de sus intereses de clase comunes, derrocará al sistema capitalista injusto, lo sustituirá por un nuevo paraíso socialista. Los Comunistas abiertamente 'declaran que sus fines pueden ser alcanzados sólo la destrucción de todas las condiciones sociales existentes, como Marx bien exhortó: "Los proletarios no tienen nada que perder más que sus cadenas".  Actualmente, existe la evidencia de que los trabajadores de todo el mundo tienen un resentimiento de que sus perspectivas son miserables. Decenas de miles de personas salieron a las calles en Madrid y en Atenas para protestar contra el desempleo generalizado y las medidas de austeridad, que sólo agrava la situación.

Mientras la revolución que predice Marx no se ha materializado. Es posible que los trabajadores de todo el mundo comparten los mismos problemas, pero no se han unido para resolverlos. El número de miembros de los sindicatos estadounidenses, por ejemplo, siguió disminuyendo durante todo el período de la crisis, mientras que el movimiento Occupy Wall Street ganó impulso. Según Jacques Rancière, un experto en el marxismo de la Universidad de París,  los manifestantes no tenían el objetivo de sustituir al capitalismo como Marx predijo, nada más quieren reformarlo. "No vemos ninguna clase manifestante, que exigiría el derrocamiento o la destrucción del actual sistema socioeconómico, explica. La clase de conflicto que se traduce hoy es una llamada para arreglar el sistema para que sean más viables mediante la redistribución de los beneficios ".

A pesar de estas llamadas, el sistema económico actual sigue alimentando las divisiones de clase. Altos funcionarios de China están tratando de resolver el problema de la brecha de ingresos, sólo de nombre, evitando reformas reales que pueden ayudar a hacer esto. Los endeudados gobiernos europeos han reducido drásticamente los programas de bienestar, con un aumento del desempleo y la falta de crecimiento económico.  En la mayoría de los casos, la decisión sobre la reforma del capitalismo se reduce sólo a fortalecerla. Los legisladores de Roma, Madrid y Atenas bajo presión, han tenido que improvisar impuestos para los tenedores de bonos, pero se ven obligados a privar a los trabajadores de la protección social  y debilitar aún más el control de los mercados internos. Owen Jones, autor de "La clave: La demonización de la clase obrera", lo define que hay "lucha de clases desde arriba ".

Ya poco falta para detener el cambio de sistema social. Y ello ocurre, aunque el surgimiento de un mercado de trabajo mundial privó de influencia a los sindicatos en todo el mundo desarrollado. Los izquierdistas, revisionistas de derecha, desde el momento del ataque inicial del libre mercado en la época de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, no podían ofrecer una alternativa digna de atención. " Casi la totalidad de los partidos de izquierda y progresistas en algún momento han contribuido al surgimiento y expansión de los mercados financieros, e inhiben el desarrollo del otro sistema de seguridad social a fin de demostrar que estos actuales, son capaces de reformarse, dice Rancière. "Yo creo que los gobiernos laboristas o socialistas, y de otros partidos tienen muy pocas oportunidades, por muchas reformas que intenten de reemplazar, el sistema económico existente "

Por lo tanto, nuestra perspectiva es bastante sombría: Marx no sólo diagnostica los defectos del capitalismo, sino que también lo define a partir de las consecuencias. Si los legisladores no encuentran la manera de garantizar oportunidades económicas justas, los trabajadores del mundo se unirán. Marx todavía tiene la oportunidad de tomar venganza.