Posiblemente uno de los mejores documentales realizados a nivel mundial. Poco divulgado en Occidente, por varias razones. La primera muestra imágenes de que en la URSS se vivía con seguridad, alegría y libertad. La segunda que las advertencias que Romm destaca en la película del fascismo, no quiere el imperialismo que se divulgue.
Desde el punto de vista cinematográfico, Mijaíl Romm, es uno de los mejores cineastas de la URSS, discípulo de Eisenstein se especializa en los documentales históricos (también es suyo el célebre montaje "Lenin en octubre"). Desarrolla en sus películas las dotes que los cineastas soviéticos reflejan en su lenguaje fílmico, concisión, ironía, talento en el desarrollo del largometraje con un escrupuloso montaje, narración pausada, clara sin saltos ficticios, y un excelente desarrollo, para que el espectador se sienta partícipe. Una obra maestra.
El 18 de noviembre de 1920, se aprobó una disposición "sobre el cuidado de la salud femenina" que establecía por primera vez la interrupción del embarazo de manera libre y gratuita. Esta legalización hizo que la mortalidad entre las mujeres que interrumpían su embarazo, pasaran de tener una mortalidad del 4% al 0,28%.
Esta era otra conquista que las mujeres alcanzaron con la Revolución de Octubre. También se acabó con prácticas del pasado ya anacrónicas en aquel momento, como el matrimonio infantil, la compraventa de mujeres, etc. Se consiguieron conquistas como el matrimonio civil, el derecho al divorcio, la igualdad salarial entre hombres y mujeres etc.
El decreto "sobre el cuidado de la salud femenina" afirmaba "Mientras los remanentes del pasado y las difíciles condiciones del presente obliguen a algunas mujeres a practicarse el aborto, el Comisariato del Pueblo para la Salud y el Bienestar Social y el Comisariato del Pueblo para la Justicia consideran inapropiado el uso de medidas penales y por lo tanto, para preservar la salud de las mujeres y proteger la raza contra practicantes ignorantes o ambiciosos, se resuelve:
“I. El aborto, la interrupción del embarazo por medios artificiales, se llevará a cabo gratuitamente en los hospitales del estado, donde las mujeres gocen de la máxima seguridad en la operación.". Durante los primeros 3 meses de gestación, la mujer tenía derecho a interrumpir su embarazo. De esa manera, la mujer podía abortar de manera segura y legal. Hasta entonces, las mujeres que abortaban podían ir directamente a la cárcel, aunque el mayor de los temores era la muerte como resultado de la propia interrupción del embarazo.
Curiosamente, la natalidad aumentó con este decreto. En 1920 por cada mil de habitantes, en las ciudades rusas nacieron 21,7 niños, en 1923 (con el aborto legalizado), 35,3. En 1927, por cada mil de personas nacían 45 bebés. Era la consecuencia del decreto, que no sólo legalizaba el aborto, sino que creaba toda una serie de protecciones para las mujeres que decidieran ser madres. La baja por maternidad, resultaba un avance revolucionario, y animó a las mujeres a ser madres, ofreciendo siempre unas garantías que hasta entonces no existían. Durante el periodo de baja por maternidad, la mujer cobraba integramente su sueldo. Además de la baja, la maternidad estaba protegida con recursos materiales, como el establecimiento de guarderías y comedores públicos en donde los niños comían gratis.
También se garantizó un descanso de media hora cada 3 horas de trabajo para la lactancia o el cuidado infantil, en donde la mujer cobraba su jornada completa. Durante la lactancia, la mujer tenía prohibido realizar horas extras o el trabajo nocturno, como una garantía más que protegía la maternidad. Alexandra Kollontai, como Comisaria del Pueblo para la Salud Pública, puso en marcha toda una infraestructura que garantizaba y vigilaba el cumplimiento de estas protecciones a la maternidad: era la Comisión para la Protección de Madres e Infantes, presidida por la doctora Vera Lebedeva. Dependía de ella toda una red de clínicas de maternidad, consultorios, estaciones de alimentación, enfermerías y residencias.
La Revolución de Octubre hizo que la URSS fuera el primer país en donde las mujeres podían decidir interrumpir su embarazo de manera legal y segura. La motivación del poder soviético, no era otra que garantizar la salud de la mujer y su derecho a decidir sobre su cuerpo. La protección legal y material de la maternidad, unido a la posibilidad de abortar, suponían unas conquistas de las mujeres que resultaron pioneras en la historia.
Para todos aquellos que van de progres postmodernos y que no se solidarizan con la lucha antifascista del Donbás, a quienes hablan con desprecio de la “nostalgia soviética” les conviene una lección de humildad. Aquí está. Si analizasen algo al margen de lo que les dicen los medios burgueses, verían que en el Donbás el sentimiento soviético es amplio, está muy extendido. Eso va a hacer que se agudice la lucha de clases desde ya porque una parte muy importante de la población del Donbás añora la Unión Soviética y eso encaja muy mal con los intereses de los oligarcas y de quienes se fijan en los emblemas zaristas para dar cuerpo a Nueva Rusia.
No me cabe ninguna duda que la lucha de clases se va a agudizar, pero antes os dejo con el homenaje que ayer se hizo en el Donbás a los luchadores antifascistas de ayer y de hoy en un lugar emblemático para la memoria: la tumba de Saur. Era la conmemoración del 71 aniversario de la liberación del Donbás por el Ejército Rojo y del comienzo de la derrota de las tropas nazis alemanas en Ucrania. En los actos participó Zajarchenko, el presidente de la República Popular de Donetsk, que dijo en su discurso: “Nuestros antepasados fueron capaces de liberar la tierra de la más terrible peste, fueron capaces de hacer lo que nadie ha sido capaz de hacer. Ahora los invasores son los mismos y solo estamos empezando a darnos cuenta de lo difícil que fue para nuestros antepasados luchar, volver a sembrar y construir”.
La tumba de Saur es un monumento al heroísmo soviético durante la II Guerra Mundial. En Saur están grabados en la piedra los nombres de los 23.238 soldados que murieron en la liberación del Donbás hace 71 años. El monumento fue destruido por los neonazis de la junta de Kiev el pasado 10 de agosto, pero dos semanas más tarde fue recuperado en una contraofensiva de las milicias. El primer vídeo es el de la reconquista. El segundo, el del homenaje popular a un símbolo soviético irrenunciable para la población del Donbás. Las siete cruces que veis en este segundo vídeo son de los milicianos que murieron durante su recuperación. Por eso les han enterrado ahí, junto a los luchadores antifascistas de hace 71 años. Estos héroes antifascistas serán siempre recordados.
"La memoria de los luchadores de la Comuna es honrada no sólo por los obreros franceses, sino también por el proletariado de todo el mundo, pues aquella no luchó por un objetivo local o estrechamente nacional, sino por la emancipación de toda la humanidad trabajadora, de todos los humillados y ofendidos. Como combatiente de vanguardia de la revolución social, la Comuna se ha ganado la simpatía en todos los lugares donde sufre y lucha el proletariado ... El tronar de los cañones de París ha despertado de su sueño profundo a las capas más atrasadas del proletariado y ha dado en todas partes un impulso a la propaganda socialista revolucionaria. Por eso no ha muerto la causa de la Comuna, por eso sigue viviendo hasta hoy día en cada uno de nosotros. La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal."
V. I. Lenin
Peter Watkins fue uno de los muchos realizadores de documentales que tuvieron cierto éxito partiendo de una forma de entender el cine más alejado de lo establecido en ese momento, haciendo auténticas maravillas con el falso documental The war game (Oscar al mejor documental en 1966 y censurada en la BBC, la propia productora, hasta 1985), que trataba las terribles consecuencias en la población inglesa de Rochester tras un hipotético ataque nuclear. Luego vendría la polémica Punishment Park, donde se recreaba una sociedad donde Richard Nixon usaba el terror por parte de su gobierno para mantener el control sobre los ciudadanos, por lo que directamente fue prohibida. Desde entonces, su cine pasó a ser marginado y su nombre, olvidado.
En el año 2000 se le propuso hacer una película sobre los sucesos de París de 1871, que de hecho,es probablemente la mejor película sobre los acontecimientos de La Comuna realizada. El director realiza una recreación de los eventos que tuvieron lugar durante la Comuna de París y los relaciona con el momento actual, mediante la intervención de dos cadenas de televisión: una oficialista y otra que presenta las opiniones de los rebeldes.
Peter Watkins, uno de los creadores del formato que mezcla ficción cinematográfica con documental, eligió una fábrica abandonada, precisamente donde estuvo ubicado el primer estudio cinematográfico de la historia, de George Melies, para llevar a cabo sus 18 días de intenso rodaje en blanco y negro con actores no profesionales, para sumergirnos de lleno en el movimiento revolucionario de la época. Además, y esto es una de sus grandes aportaciones, hace una crítica al poder y al papel de los medios de comunicación, los de antes, pero sobre todo los actuales, añadiendo a la ecuación dos ficticios canales de televisión que retransmiten y cubren todo el proceso, como es la conservadora Televisión Nacional de Versalles y la progresista (e ingenua) Televisión Comunal..
Lo primero que sorprende es lo minuciosamente cuidado con el que está contado todo lo acontecido sobre las causas, el ascenso y la caída de la Comuna, aquel movimiento obrero que posteriormente tanto marxistas como anarquistas sentirían como común. Sin maniqueísmo y sin esconder nada, la cámara de Watkins, en eterno movimiento, va entrevistando a soldados, mujeres o periodistas que se encuentran en París, cada uno con una opinión.
Las continuas entrevistas van creando un puzzle que va montando la historia de los acontecimientos de La Comuna, mientras los medios, en este caso la Televisión Nacional Versalles, hace el papel del típico medio controlado por el poder mediante la manipulación y la censura, representando la necesidad de apariencia de democracia necesaria para legitimarse, La Televisión Comunal es un medio que intenta retratar la realidad, pero sin embargo, poco a poco sus propios reporteros no pueden evitar formar parte de la historia y juzgar esa historia con sus propios ojos. La objetividad es imposible, nos viene a decir Watkins, pero este segundo medio sí que intenta ser abierto y plural.
La Commune se articula en un ejercicio de cierta improvisación con los actores y sus personajes, pues todos van opinando libremente sobre aquellos días y se busca intencionadamente cierto paralelismo con la actualidad. De hecho el equipo de actores se encargo de investigar cada uno de su papel a representar, y tuvieron libertad a la hora de dar sus opiniones, intentando romper esa separación entre el actor y su papel.
Así que tenemos una especie de entre falso documental y recreación con elementos externos para la época que desgrana como nunca antes las causas de la Comuna con los ojos de aquel entonces (nada de chuminadas buenrollistas y políticamente correctas previo destrozo de la historia como Los Miserables de Tom Hooper) con una veracidad que asusta, consiguiendo huir de la teatralidad fingida que en principio un único escenario puede condenar al relato, que reflexiona sobre los medios de comunicación y el poder que les da de comer a cambio de legitimarlo, la búsqueda de la imparcialidad, o el desdoblamiento entre actor y personaje para acabar hallando en el presente los ecos de la historia que se cuenta. Y todo eso con un ritmo portentoso y lleno de escenas para el recuerdo, como la sublevación de los soldados que se niegan a disparar a las mujeres parisinas al principio de la cinta.
Fiel a su costumbre, La Commune, que había sido inicialmente producida por la cadena franco-alemana Arte, resultó censurada por esta misma: la excusa es que su formato de 5hs, 45 min resulta imposible de ver por la televisión, los motivos son otros; La Communesigue la línea de las películas de Peter Watkins, casi todas ellas han resultado censuradas por un motivo u otro en los cuatro rincones del planeta.
Se trata pues de una maravillosa película, conscientemente relegada al olvido. No obstante, como hemos visto, el director Peter Watkins ha sido, quizás, el más o uno de los más censurados de la historia. Aquí intentamos sacar su película y a él mismo de ese intencionado olvido. A pesar de sus más de cinco horas de duración, es recomendable hacer un poco de tiempo en la agenda y disfrutar y aprener de esta extraordinaria recreación de La Comuna de París:
Henry Norman Bethune fue un médico canadiense comunista que participaría en la Guerra Civil Española ayudando a los antifascistas y en la Revolución China, donde encontraría su muerte. El propio Mao escribiría tras su fallecimiento un ensayo titulado "En memoria de Norman Bethune", donde dejaría escrito que "Todos debemos aprender de su desinterés absoluto. Quien posea este espíritu puede serle muy útil al pueblo."
Bethune nació en Gravenhurst, Ontario, el 3 de marzo de 1890, y llevaría una vida completamente
Bethune en España 1936
dedicada a la medicina socializada y a la revolución. En septiembre de 1909 se matriculó en la Universidad de Toronto, en la facultad de Medicina. Interrumpió sus estudios durante un año en 1911 para incorporarse como maestro voluntario del Frontier College en remotos campamentos madereros y mineros de todo el norte de Ontario, enseñando a los trabajadores inmigrantes a leer y escribir en inglés. En 1914, cuando se declaró la guerra en Europa, volvió a suspender sus estudios de medicina, para servir como camillero en el frente occidental. Allí fue herido por metralla y pasó tres meses de recuperación en un hospital inglés. Cuando se recuperó de las heridas, regresó a Toronto para completar su título de médico, que recibió en 1916.
Bethune pasó a estar cada vez más desinteresado por los tratamientos quirúrgicos y más preocupado por el aspecto socioeconómico de la enfermedad. Ejerció como médico en Montreal durante los años de la Gran Depresión, auxiliando con frecuencia a los más desfavorecidos, a los que dio atención médica gratuita. Desafió a sus colegas de profesión y presionó, sin éxito, para que el gobierno realizara reformas radicales de atención médica y servicios de salud en Canadá.
Bethune fue uno de los primeros defensores de la medicina socializada, que formaron el Grupo de Montreal para la protección de la salud. En 1935, viajó a la Unión Soviética para observar de primera mano su sistema de atención de salud. Durante ese año se convirtió en un comunista comprometido, y se unió al Partido Comunista de Canadá.
En 1936, al estallar la Guerra Civil Española, Bethune aceptó una invitación de la Comisión de Ayuda a la Democracia Española encabezando la Unidad Médica de Canadá en Madrid. Se incorporó al Batallón Mackenzie-Papineau, que estaba integrado por los comunistas de Canadá y otros izquierdistas, y partió para Madrid el 3 de noviembre de 1936.
Una causa frecuente de muerte en el campo de batalla era el choque circulatorio provocado por la pérdida de sangre, que causaba la muerte instantánea de un combatiente cuyas heridas no parecían graves. Bethune concibió la idea de la administración de transfusiones de sangre in situ, y desarrolló la primera unidad médica móvil. La unidad contenía 500 apósitos para heridas, y suficientes suministros y medicinas para 100 operaciones. Además organizó un servicio para recoger la sangre de los donantes y trasladarla al frente de batalla, salvando así incontables vidas. El trabajo de Bethune en España en el desarrollo de las unidades médicas móviles fue el modelo para el desarrollo posterior de las unidades Mobile Army Surgical Hospital (MASH).
Una de sus intervenciones más dramáticas se produjo durante la masacre de la carretera Málaga-Almería, cuando se desplazó expresamente desde Valencia hacia Málaga para socorrer a la población civil que estaba siendo masacrada durante su huida de la ciudad, que había sido tomada por el bando sublevado, hacia Almería. Durante tres días él y sus ayudantes Hazen Sise y Thomas Worsley socorrieron a los heridos y ayudaron en el traslado de refugiados hacia la capital almeriense.6 Esta traumática experiencia le llevaría a escribir su relato El crimen de la carretera Málaga-Almería.
"...Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos...."
Norman Bethune
Bethune regresó a Canadá el 6 de junio de 1937, comenzando una gira para recaudar fondos y voluntarios para la lucha contra el fascismo en España.
Bethune con soldados chinos
En 1938, viajó a Yan'an, en la provincia de Shaanxi, en China. Allí se unió a los comunistas chinos liderados por Mao Zedong en su lucha contra los japoneses, en la Segunda Guerra Chino-Japonesa. En el campo de batalla realizó operaciones quirúrgicas de emergencia sobre víctimas de guerra y llevó a cabo la formación de médicos, enfermeras y enfermeros. Allí se destacó por no hacer distinción entre las víctimas, dando el mismo tratamiento a los prisioneros japoneses heridos que a los combatientes chinos.
En el verano de 1939, Bethune fue nombrado asesor médico en Shanxi, Chajar y Hebei, bajo la dirección del General Nie Rongzhen. A finales de año, se produjo una herida en un dedo mientras llevaba a cabo una operación de urgencia, lo que le provocó una infección en la sangre que se propagó por todo el cuerpo y produjo su muerte, víctima de sepsis, el 12 de noviembre de 1939.6 El mismo Mao escribió en 1939, en un ensayo sobre él: "Todos debemos aprender de su desinterés absoluto. Quien posea este espíritu puede serle muy útil al pueblo."
Prácticamente desconocido en su patria durante su vida, Bethune recibido el reconocimiento internacional cuando el presidente Mao Zedong, de la República Popular de China, publicó su ensayo titulado "En memoria de Norman Bethune" (en chino: 纪念 白求恩), que documentó los últimos meses de la vida del médico en China. El ensayo se convirtió en lectura obligatoria en las escuelas primarias de China durante la Revolución cultural china (1966-1976).
Estatua de Bethune en Pekin
Bethune es uno de los pocos occidentales a quienes se han dedicado estatuas en China. Está enterrado en el Cementerio de los Mártires Revolucionarios de Shijiazhuang, en la provincia de Hebei, frente a la tumba de Dwarkanath Kotnis, un médico indio también galardonado por su contribución humanitaria al pueblo chino.
En otras partes de China, varias instituciones y hospitales llevan su nombre. En Canadá, se encuentran el Bethune College de la Universidad de York, y el Dr. Norman Bethune Collegiate Institute (una escuela secundaria) en Scarborough, Ontario, que llevan su nombre. En Andalucía, se encuentra el Centro de formación profesional específica de la Cruz Roja "Norman Bethune", situado en Almayate (Málaga). También en la ciudad de Málaga se nombró una calle como "Paseo de los Canadienses", en homenaje a la ayuda prestada por Bethune a los habitantes de la ciudad.
El Gobierno de Canadá compró en 1973 la mansión en la que había nacido en Gravenhurst, tras una visita del primer ministro Pierre Trudeau a China. El año anterior el doctor Bethune había sido declarado persona de importancia histórica nacional. En 1976, tras la restauración del edificio, se abrió al público como Casa Memorial Bethune, clasificada como Sitio Histórico Nacional de Canadá.
La ciudad de Montreal, en Quebec, creó una plaza pública y erigió una estatua en su honor, situadas cerca de la estación de metro Guy-Concordia. En marzo de 1990, para conmemorar el centenario de su nacimiento, Canadá y China emitieron sellos postales con el mismo diseño en su honor. En la actualidad existe una calle en Málaga con el nombre de "Doctor Norman Bethune", en la nueva barriada Este.
Obras en castellano
Bethune, Norman. Las heridas. Pepitas de Calabaza, Logroño, 2012. Prólogo y traducción de Natalia Fernández. ISBN 978-84-940296-3-9
Bethune, Norman; Majada Neila, Jesús. El crimen de la carretera Málaga-Almería (febrero de 1937). Caligrama Ediciones, Benalmádena, 2004. ISBN 84-95783-24-X
En 1992 una coproducción de Canadá, China y Francia contó su historia, en una película dirigida por Phillip Borsos e interpretada por Donald Sutherland. La película tiene dos nombres en inglés: uno el original canadiense e internacional "Bethune: The Making of a Hero" y otro, el que le dieron en EE.UU. para su mercado doméstico "Dr Bethune". Obsérvese qué finamente negaban los yanquis que Bethune fuera un héroe mientras resaltaban el aspecto médico apolítico, algo que, sin embargo, no pudieron ocultar. Bethune fue un activista comunista y pasará a la historia por su entrega a la lucha de la clase trabajadora y los pueblos por su emancipación, además de por sus aportaciones a la socialización de la medicina.
La historia del mundo está llena de personajes irrepetibles. O tal vez no. Como decía el argentino Rodolfo Walsh, “las clases dominantes pretenden que el pueblo trabajador no tenga historia, ni teoría, ni héroes, ni mártires; de forma que cada vez haya que comenzar desde cero”. Así que hay que rebelarse contra ello. Tenemos que ser herederos y herederas de toda esta gente que con su esfuerzo, lucha y ejemplo se han convertido en un referente para la humanidad.
Uno de esos personajes es Vo Thi Thang, legendaria guerrillera del Vietcong(Vietnam Congsan, Vietnam Rojo). Capturada tras la ofensiva del Tet de 1968, ofreció esta sonrisa a sus jueces y verdugos cuando le comunicaron que era sentenciada a 20 años de cárcel y les dijo: “el régimen títere no se va a prolongar tanto tiempo”. Eso le costó ser encerrada en una celda “tigre”, es decir, en una jaula (literal), donde estuvo hasta que las fuerzas conjuntas del Vietcong y de Vietnam del Norte lograron liberar Saigón (hoy Ciudad Ho Chi Minh). Un fotógrafo japonés hizo esta emblemática foto y desde entonces se conoce a Vo Thi Thang en Vietnam como "la sonrisa de la victoria".
Vo Thi Thang nunca renegó de su lucha, de sus ideas. Murió el pasado 22 de agosto. Este es mi homenaje, aunque no hay homenaje mejor que el que le dio Cuba: una escuela de educación primaria en Miramar, en el municipio Playa, de La Habana, lleva su nombre.
Vo, a la derecha, junto a otras camaradas presas el día de su liberación
Y aquí con otros camaradas preparando explosivos para la ofensiva del Tet.
Saludos a España es el homenaje realizado por el mejor compositor del Siglo XX, el soviético Dimitri Shostakovich, a los combatientes republicanos españoles en su lucha contra la bestia fascista durante la Guerra Civil.
Fue escrita por el genio comunista en 1936, y es una de las obras en las que recurrió a España con su música, junto con una danza española en la banda sonora de Un billete para la zona V (1940, de Kimenti Mints), lasCanciones españolas (Op.100 de 1956), y los dos primeros movimientos de su Sinfonía nº14, Op.135 de 1969, que ilustran los poemas de Federico García Lorca De profundis y Malagueña).
Saludos a España es el particular grano de arena del compositor bolchevique a la lucha heroica que la clase obrera española y mundial estaban llevando a cabo contra el capitalismo y el fascismo en la conocida como Guerra Civil, pero que en realidad era el anticipo de la futura guerra mundial.