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martes, 28 de febrero de 2017

169 años del Manifiesto Comunista

Por Nestor Guadaño





El Manifiesto del Partido Comunista, es el tratado político que más ha influenciado en la historia y es, sin lugar a dudas, una de las grandes obras realizadas por el ser humano.

Esta declaración fue encargada por la Liga de los Comunistas a Karl Marx y Friedrich Engels entre 1847 y 1848, y publicada por primera vez en Londres el 21 de febrero de 1848.

Esta confeccionado para el movimiento ascendente de liberación de la clase obrera y para cada trabajador que quiera romper sus cadenas de opresión, sociales, económicas y políticas.


En el prologo a la edición alemana de 1872, los autores advierten: 

"Por mucho que durante los últimos veinticinco años hayan cambiado las circunstancias, los principios generales desarrollados en este Manifiesto siguen siendo substancialmente exactos. Sólo tendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor distinto en muchos respectos. Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”.

Esta idea última expresa claramente, que la pujanza de las ideas contenidas en el Manifiesto Comunista consiste en crear una nueva sociedad, y lo más difícil no es tomar las riendas del Estado, sino transformarla completamente, para que las ideas de emancipación social de la clase obrera sean consumadas.


De hecho Engels en el Prólogo a la edición de 1883 así lo deja consignado:

"La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases."

Y en el Prólogo a la Edición alemana de 1890, Engels certifica:

"Cuando la clase obrera europea volvió a sentirse lo bastante fuerte para lanzarse de nuevo al asalto contra las clases gobernantes, nació la Asociación Obrera Internacional. El fin de esta organización era fundir todas las masas obreras militantes de Europa y América en un gran cuerpo de ejército. Por eso, este movimiento no podía arrancar de los principios sentados en el Manifiesto.

No había más remedio que darle un programa que no cerrase el paso a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianos franceses, belgas, italianos y españoles ni a los partidarios de Lassalle en Alemania . Este programa con las normas directivas para los estatutos de la Internacional, fue redactado por Marx con una maestría que hasta el propio Bakunin y los anarquistas hubieron de reconocer. En cuanto al triunfo final de las tesis del Manifiesto, Marx ponía toda su confianza en el desarrollo intelectual de la clase obrera, fruto obligado de la acción conjunta y de la discusión. Los sucesos y vicisitudes de la lucha contra el capital, y más aún las derrotas que las victorias, no podían menos de revelar al proletariado militante, en toda su desnudez, la insuficiencia de los remedios milagreros que venían empleando e infundir a sus cabezas una mayor claridad de visión para penetrar en las verdaderas condiciones que habían de presidir la emancipación obrera. Marx no se equivocaba. Cuando en 1874 se disolvió la Internacional, la clase obrera difería radicalmente de aquella con que se encontrara al fundarse en 1864. En los países latinos, el proudhonianismo agonizaba, como en Alemania lo que había de específico en el partido de Lassalle, y hasta las mismas tradeuniones inglesas, conservadoras hasta la médula, cambiaban de espíritu, permitiendo al presidente de su congreso, celebrado en Swansea en 1887, decir en nombre suyo: “El socialismo continental ya no nos asusta”. Y en 1887 el socialismo continental se cifraba casi en los principios proclamados por el Manifiesto. La historia de este documento refleja, pues, hasta cierto punto, la historia moderna del movimiento obrero desde 1848.


En la actualidad es indudablemente el documento más extendido e internacional de toda la literatura socialista del mundo, el programa que une a muchos millones de trabajadores de todos los países, desde Siberia hasta California".

Propuesta para la lucha actual

En estos 169 años, la experiencia condensada por nuestra clase obrera es muy valiosa pues ha demostrado con los hechos, que la propuesta de futuro del Manifiesto Comunista es cada vez más imperativa y vigente.

Nos anima a proseguir la lucha, pues continua el enfrentamiento entre las dos clases sociales:

> La burguesía, quienes son los capitalistas modernos en su fase última agresiva: el imperialismo, dueños de los medios de producción sociales, cuya única finalidad consiste en la apropiación máxima del trabajo asalariado, y su dictadura política y económica.
> El proletariado, los trabajadores asalariados, que son obligados a vender su fuerza de trabajo, al no disponer de medios de producción propios, cada vez más numeroso, que realiza todas las tareas, la mayoría de los procesos de producción en el mundo.

Esta lucha entre la mayoría de la Humanidad explotada, contra la ínfima minoría explotadora ha generado continuas guerras, e intentos revolucionarios, que fueron realizados tomando como bases las ideas declaradas en el Manifiesto.


Con las consignas del socialismo, como una etapa inferior de la transformación marxista de la sociedad, utilizadas por los herederos de la Segunda Internacional, se convirtieron en un dique utilizado por la propia burguesía y sus adláteres dentro del Movimiento Obrero y Social, para estancar la lucha revolucionaria.

Tras la corrupción y traición de las organizaciones llamadas socialistas en 1914, en todo el continente europeo, muchos revolucionarios tomaron conciencia que era necesario un nuevo paso en la lucha por la emancipación del proletariado, “la emancipación de los trabajadores sólo podía ser obra de la propia clase obrera”.



"Hace 100 años comenzó el futuro".

“¡Proletarios de todos los países, uníos!”, por primera vez fue lanzada esta consigna en vísperas de la Comuna de París, y como apunta Engels en el Prólogo a la Edición Italiana de 1893:

"La revolución fue en todas partes obra de las clases trabajadoras: fueron los obreros quienes levantaron las barricadas y dieron sus vidas luchando por la causa. Sin embargo, solamente los obreros de París, después de derribar el Gobierno, tenían la firme y decidida intención de derribar con él a todo el régimen burgués. Pero, aunque abrigaban una conciencia muy clara del antagonismo irreductible que se alzaba entre su propia clase y la burguesía, el desarrollo económico del país y el desarrollo intelectual de las masas obreras francesas no habían alcanzado todavía el nivel necesario para que pudiese triunfar una revolución socialista. Por eso, a la postre, los frutos de la revolución cayeron en el regazo de la clase capitalista".

Esta conciencia de clase en el siglo XX se consiguió en Rusia. Cuando se hizo evidente que no es posible un acuerdo con los aliados del Capital, y cuando se hizo realidad la unidad de todos los revolucionarios, para conseguir un Estado Social, para esta mayoría de población asalariada, que fuese realizado este salto cualitativo de la Humanidad por los propios obreros.

Hace 100 años, la más consecuente organización revolucionaria, el Partido Comunista (bolchevique) llevó a la clase obrera, por primera vez en el mundo, al poder en un Estado.

La Revolución Proletaria Socialista Soviética demostró a toda la población del mundo, que existe una alternativa válida a la vía capitalista.

Los acontecimientos acaecidos hasta ahora, han demostrado fehacientemente que el proletariado es la única clase social en la actual sociedad, cuya emancipación significará la liberación de toda la humanidad mediante la revolución comunista: la abolición de la propiedad burguesa, las clases sociales y el Estado.

Hasta hoy día este es el punto de partida, para la implantación de una nueva etapa de evolución de la Humanidad, la sociedad comunista en la tierra.





martes, 29 de septiembre de 2015

No viví en la Unión Soviética (pero la echo de menos)

Por Ángel Ferrero. Publicado en Público




Tres Jóvenes rusos y la URSS

La revista The Village entrevistó recientemente a varios de estos jóvenes. El artículo ofrece una perspectiva poco habitual a este fenómeno, que si bien no es general, al menos sí que merece cierta atención.

“Hace tiempo que me intereso por la politología y leo mucho sobre ideología. Sueño con la construcción del socialismo en Rusia, que los políticos trabajen por el bienestar de la gente y no al revés, porque así es como tendría que ser”, dice Kiril (15 años). Para Kiril, la Unión Soviética era un país donde la gente “se sentía tranquila”, ya que podía “recibir una educación gratuita, había trabajo y la vida era buena”. “Mis abuelos sabían qué les deparaba el futuro, había asistencia médica gratuita, y el Estado siempre ayudaba”, añade. Este quinceañero explica que no le importa dedicar parte de su tiempo libre a defender el pasado soviético de Rusia en los foros de Internet: “sí, todas estas conversaciones, por ejemplo, sobre que en la URSS no había productos, que los estantes estaban vacíos... tonterías. Todo eso ocurrió en los noventa. En tiempos de la Unión Soviética había de todo.”

“Soy una persona muy alejada de los valores actuales”, confiesa por su parte Ígor (24 años). “No le doy un valor especial al dinero, cuánto gana una persona no es para mí ningún indicador de éxito”. Hijo de un funcionario del KGB y una ingeniera, a Ígor le gusta ver cine soviético –que considera mejor que el actual cine ruso– y escuchar al conocido cantautor soviético Vladímir Vysotski. “Claro, las cosas han cambiado, como se dice, 'las cosas son ahora mejor'. Han pasado más de veinte años desde la desintegración de la URSS. ¿Pero qué ocurrió en los primeros cuarenta años de la Unión Soviética? No hay más que compararla con la Rusia prerrevolucionaria y la Rusia de preguerra, eran países diferentes. Uno era un país agrícola atrasado y el otro un país avanzado.”

Como a Kiril, lo que más le atrae a Ígor de la URSS es la seguridad que brindaba el Estado soviético a sus ciudadanos. “Al hombre soviético se le acompañaba desde la cuna hasta la tumba. Y eso es algo que me gusta: naces, vas a la guardería, de la guardería vas a la escuela, de la escuela vas al instituto y la universidad, sales y tienes trabajo. Trabajas, recibes los vales, viajas. Eso es lo mínimo, la base. Y si quieres, siempre puedes conseguir algo más.” Aunque Ígor se muestra escéptico con el actual Gobierno, esta nostalgia –aunque él no la considera así– no le ha llevado a militar en ningún partido ni organización política. Todo lo contrario que Gueorgui (22 años), cuyo temprano interés por la historia de la URSS le llevó a afiliarse al Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR). 

“Todo comenzó en el instituto, cuando tenía 16 años”, explica Gueorgui. Fue entonces cuando comenzó “a estudiar la historia del país”: “la época de la Unión Soviética me enganchó, y comencé a estudiarla.” La URSS, continúa, “enseñó a la humanidad que hay un camino alternativo, que se pueden hacer las cosas de otra manera. Nos inspiraron los sindicatos occidentales y su lucha por los derechos. El esfuerzo y la abnegación de la gente que construyó el país y sobrevivió incluso a las peores épocas son motivo de admiración.” Los ciudadanos de la URSS eran “gente normal y corriente”, pero que hicieron grandes cosas.

Con todo, para Gueorgui, cuyo ídolo es el cosmonauta Yuri Gagarin, no se trata sólo de los grandes proyectos, sino también de los pequeños detalles de la vida cotidiana. “Todo el mundo ha oído hablar de las máquinas expendedoras de soda, del hecho de que nadie robaba los vasos que habían en la máquina. Cosas pequeñas como ésta pueden llevar a cosas más grandes. Y de cosas pequeñas como ésta se pasaba a otras, a cosas que hoy prácticamente no se encuentran.” Este joven cree que “nuestra generación se queja demasiado”. “Todo está lleno de individualistas. Después de la guerra todo era mucho peor que ahora y sin embargo sobrevivieron. La gente luchó, reconstruyó lo destruido. ¿En qué soñaban entonces? ¡En 1961 Gagarin viajaba al espacio! Si él podía viajar, significaba que todos podíamos hacerlo (…) ¿Y ahora qué tenemos? Gente que dice: 'Un iPhone 6. Tengo que comprármelo'. Eso es todo.”

En búsqueda de un continuum cultural


Por supuesto, no todo el mundo piensa como Kiril, Ígor o Gueorgui. “No quiero ni oír hablar de la Unión Soviética”, contesta Nikolái (30 años) cuando se le pregunta por el artículo de The Village.“Es la época de la historia de Rusia que menos me gusta”, insiste. Y con todo, a Nikolái le encanta por ejemplo la arquitectura soviética, desde el neogótico estalinista hasta la modernista. “No me puedo imaginar viviendo en Alemania”, dice. Incluso entre quienes preferirían pasar página a este capítulo de la historia rusa, la URSS sigue siendo una presencia insoslayable.

Algo que no ha pasado desapercibido a varios músicos rusos. “La nueva ola rusa abraza el chic soviético”, titulaba no hace mucho el diario The Guardian un artículo sobre este tema. En él se citaba uno de los últimos videoclips de Timati (Moscú, 1983), Utiosov. El título, como dicen los alemanes, es programa: Leónid Utiósov fue un cantante de jazz soviético (de hecho, el primero en obtener el título de Artista del Pueblo, en 1965), cuya voz sampleada –“muy bien”– acompaña a los raperos Timati y L'One en un vídeo musical que algunos han considerado la respuesta rusa a los clips de raperos estadounidenses con pitbulls y Mercedes.

En el vídeoclip, una limusina ZIL llega a un polígono industrial donde se apilan varios contenedores. Del coche bajan los cantantes y un enorme oso pardo. Tras firmar un contrato, los raperos abren un contenedor donde se encuentra el vehículo de su elección: un viejo tanque soviético con el que aplastan varios automóviles mientras desgranan sus simpatías por Rusia frente a Occidente. “Me queda más cerca el gato Leopold que Mickey Mouse / me queda más cerca la canciones de Zemfira, y no las de Miley Cirus / Me queda más cerca Ded Moroz, y no Santa Claus”, rapea L'One, de origen georgiano. Toda la canción está repleta de referencias a la URSS y Rusia: la Copa Gagarin de la Liga Continental de Hockey, los diamantes de Yakutia, el caviar negro, la torre Ostánkino de Moscú, el águila bicéfala, el MiG-21, el fundador del esquema piramidal MMM, Serguéi Mavrodi… “En la mano izquierda un YotaPhone / en la derecha, Vyatski kvas”, con el que Timati brinda a la madre patria, no sin antes prometer correr el París-Dakar con un camión de la marca Kamaz.



                Utiosov (Timati, 2015)

“En el hip-hop estadounidense utilizan canciones antiguas, oldies americanos como James Brown, Aretha Franklin, Nina Simone, cosas de los sesenta, setenta y ochenta, comenzando por Frank Sinatra”, ha dicho Timati. “¿Por qué no podemos hacer nosotros lo mismo? Estamos haciendo hip-hop y R&B en Rusia, en ruso. ¿Por qué no usar samples?” Timati y L'One también son los autores, por cierto, de una canción –que da nombre a su última gira– que se llama GTO, siglas en ruso de Preparación para el Trabajo y la Defensa, un programa de ejercicio físico para toda la población de la URSS que el 24 de marzo de 2014 el Kremlin aprobó reintroducir.

Aunque quizá los más famosos, Timati y L'One no son los únicos. La vieja música soviética es cada vez más interesante para los jóvenes artistas como “base creativa”, afirma Artiom Makarsky, editor de la revista Look at Me. Makarsky –que es otro de los entrevistados por The Guardian– habla no sólo como observador, ya que él mismo pincha remixes de música soviética en el Strelka de Moscú, un club que se encuentra en la antigua fábrica de chocolate Octubre Rojo, hoy convertida en incubadora de empresas y tiendas de moda, y uno de los lugares habituales de reunión de los hipsters moscovitas. Según el editor de Look at Me, “los músicos jóvenes quieren encontrar un continuum ruso, encontrar una conexión con la cultura del pasado”. The Guardian cita algunos ejemplos (TenDJiz, Artek Elektronika, Electronica 302) y se deja otros (Midget Ninjas y su Soviet Bass).

La Unión Soviética desapareció en 1991, pero parece que sigue sobreviviendo en las sinapsis de muchos rusos. En unos por nostalgia, en otros, por interés hacia sus raíces culturales, las mismas que los reformadores de los noventa pretendieron eliminar de la memoria colectiva con una terapia de shock que, además de económica, también fue política y cultural. Ese continuum entre la URSS y la Federación Rusa del que habla Makarsky había de ser, al fin y al cabo, algo natural, pero quedó truncado, de ahí que ahora se exprese en forma de nostalgia o recuperación cultural incluso entre quienes no vivieron en ella. El primer título que Marx pensó para el Manifiesto comunista era, según se dice, “espectros”, y eso es lo que parece que todavía se esconde en muchos lugares de Rusia.