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viernes, 19 de mayo de 2017

Las milicianas que no fotografió Capa

Por Olivia Carballar en La Marea.

Jóvenes, mayores, solteras, casadas, viudas, limpiadoras, maestras… Ninguna empuñó un fusil, pero todas contribuyeron al funcionamiento del Quinto Regimiento.

El historiador José María García Márquez elabora una muestra con las mujeres que formaron parte del cuerpo militar de voluntarios de la II República.


Antolina Mata Díaz mira a un punto perdido. Tiene los labios finos, apretados. El cabello peinado hacia atrás. Su rostro surcado de arrugas. Es lavandera. Tiene 65 años. Francisca Gómez Cobo y Pilar González Andrés son sastras de 14. Matilde Landa, 32 años, es responsable de personal sanitario. También hay limpiadoras. Y cocineras y enfermeras y sirvientas y mecanógrafas y jornaleras y peluqueras y administrativas y matronas, intérpretes… Jóvenes, mayores, solteras, casadas, viudas, trabajadoras fuera del hogar y dentro de las casas.

Ninguna de ellas empuñó un fusil, pero todas fueron milicianas. “Ellas no fueron fotografiadas por Gerda Taro ni Robert Capa, sino por el fotógrafo del Quinto Regimiento sentadas en una silla en el patio. No solo había jóvenes sonrientes y valientes que empuñaban un arma como mostraban las fotografías que se publicaban”, explica el historiador José María García Márquez, que ha elaborado una muestra de las mujeres de este cuerpo militar de voluntarios de la IIª República creado tras la sublevación.

De las 26.736 fichas recogidas en el archivo, 513 corresponden a mujeres (1,92%). La mayoría procedía de Madrid y, sobre todo, de sus barrios más humildes. Los ingresos se produjeron desde el mismo 18 de julio. “El primero que hemos encontrado es el de la madrileña Emilia Cabello Pascual, de la que no poseemos fotografía ni los datos completos de su ficha y que, posiblemente, pueda tratarse de un error en su fecha”, sostiene García Márquez. El domingo 19 de julio y el lunes 20, otro pequeño grupo de seis mujeres se incorporaron al cuartel del antiguo convento salesiano, entre ellas la modista María Morales García, de 24 años, o la “fregachina” (como reza en su ficha) Victoria Quijorna, de 44.



“Contar con numerosas mujeres para el desempeño de múltiples tareas de organización e intendencia permitió a los mandos dotarse de una infraestructura muy superior a la que tuvieron otras unidades del Ejército Popular. Los trabajos de limpieza y lavado de ropa, la cocina, la costura y reparación de uniformes, el ropero del regimiento, etc. fueron siempre menos valorados y, sin embargo, muy importantes para la milicia. Limpiando cocinas y comedores, letrinas y oficinas, dejaron patente su generosa contribución a la lucha contra la sublevación. Y no solían ser sus rostros precisamente los que recogían las fotografías que se llevaban a la prensa”, insiste el historiador.
Áurea Carmona Nanclares era la única maestra nacional que consta. Ingresó en el batallón Thaelmann y fue destinada como enfermera al hospital de sangre de Rascafría. Murió en prisión en 1939 después de ser detenida y denunciada al finalizar la guerra“. "En algunos casos -añade el historiador- la cualificación profesional de varias de ellas supuso una aportación decisiva a las necesidades de todo tipo que tuvo el Quinto Regimiento desde el primer momento. Por ejemplo, las taquimecanógrafas y mecanógrafas jugaron papeles muy valiosos como auxiliares y secretarias de los mandos, tanto en la comandancia general como en la organización administrativa de varios servicios”. Este fue el caso de Margarita de la Fuente, Pilar Muñoz Falcón, Carmen Capafons Gómez, Julia Díaz Caballero, Esperanza Gil Lozano y Luisa González Fernández.

En los servicios médicos y sanitarios también fue fundamental la participación de las mujeres, que, además de organizar, formaron a muchas auxiliares en un contexto en el que no cesaban de llegar heridos del frente: “Estas mujeres, a su vez, desempeñaron un reconocido papel en botiquines, pabellones y quirófanos, a veces en las inmediaciones de las líneas del frente con un riesgo indiscutible”, añade García Márquez. Destaca los nombres de seis jóvenes del Socorro Rojo Internacional: Agustina García Caamaño, María Luisa Gómez Redondas, Ana Lera Lillo, María Luisa López García, Margarita Martín Jiménez y Carmen Ortega Sampedro. Mercedes Gómez Otero, que también ayudaba en la enfermería, fue detenida en julio de 1939. Recorrió las cárceles del régimen en diferentes periodos durante 21 años hasta que obtuvo la libertad en 1961. “Posiblemente haya sido una de las mujeres que más tiempo haya estado en prisión durante la dictadura”, expone el historiador. 



Sobre su afiliación política, García Márquez detalla los 146 casos en los que se especifica su militancia (un 28,46% frente al 66,75% de los hombres, como recoge el profesor Juan Andrés Blanco Rodríguez en El Quinto Regimiento en la política militar del PCE en la Guerra Civil(UNED, 1993). La mayoría de ellas -90- pertenecían a UGT. El resto militaban de forma repartida en el Partido Comunista, Juventudes Socialistas Unificadas, CNT, Mujeres Antifascistas, Partido Socialista, Izquierda Republicana y Federación Universitaria Escolar. “La milicia en el Quinto Regimiento llevó a muchas mujeres a consolidar su militancia e ideología y después de terminar la guerra siguieron luchando de forma ejemplar”, añade el historiador. 

Un ejemplo: Encarnación Juárez Ortiz era modista y tenía 35 años cuando se integró en el batallón Garcés en Córdoba. Luego marchó a Jaén, donde vivía y donde fue detenida al terminar la guerra. Logró ocultar su paso por las milicias republicanas aunque no su destacada militancia en el PCE de Jaén desde enero de 1938. En el sumarísimo que se le instruyó -detalla García Márquez- fue considerada por la Secretaría de Orden Público como “peligrosísima” para la Causa Nacional y la sociedad y condenada a 20 años de prisión. Consiguió salir en libertad condicional en julio de 1943, pero tres años más tarde, por sus actividades clandestinas, fue detenida de nuevo y sometida a terribles interrogatorios que le provocaron un intento de suicidio. No salió de prisión hasta 1951.


Pilar Bueno Ibáñez, modista madrileña, ingresó en agosto en las filas del Quinto Regimiento con 26 años. Cuando terminó la guerra, pasó a formar parte del clandestino comité provincial del PCE en Madrid. Fue detenida y fusilada junto a otras doce jóvenes el 5 de agosto de 1939. Era la mayor de las Trece Rosas. “Es de justicia recuperar sus nombres y así poder testimoniar un pequeño pero necesario homenaje a su trabajo. Las milicianas son ellas también, no se olvide. Lo dejaron todo para luchar en el puesto que le encomendasen y en el destino que fuese, y hay que reconocerles esa valiente actitud”, concluye el historiador.

martes, 14 de febrero de 2017

El asesinato de Givi

Por la Agencia de Noticias del Donetsk, traducción Nahia Sanzo, reproducción del Artículo en ruso "Vzglyad", publicado en castellano por el blog "Slaviangrad".


El ministerio de Defensa de la República Popular de Donetsk lo ha confirmado: en un ataque ha muerto, la mañana del miércoles, uno de los comandantes más conocidos de la milicia, Mijail Tolstij, alias Givi. Es probable que la explosión se haya debido a un disparo del lanzacohetes Shmel. El ataque se une al asesinato de Arsen Pavlov, Motorola, en octubre de 2016, eslabones de una misma cadena según la RPD.


Coronel Mijail Tolstij (alias Givi).

“Confirmado: ha sido asesinado”, afirmó a Vzglyad el comandante adjunto del comando operativo de la RPD, Eduard Basurin, al comentar las informaciones sobre la muerte en un atentado del comandante del batallón Somalía, el coronel Mijail Tolstij (alias Givi).

Citando al comando operativo de la República, la Agencia de Noticias de Donetsk afirmó que el ataque se había producido a las 6:12 de la mañana del miércoles. El periodista Ivan Rakhmetov, en su perfil de Facebook, afirmó que se disparó contra el edificio del cuartel general de la milicia con un lanzallamas Shmel [Abejorro, un arma portátil y fácilmente transportable que se habría disparado desde el exterior del edificio]. El cuerpo del comandante de la milicia ya han sido identificado y los investigadores y empleados del ministerio de Emergencias de la RPD ya trabajan sobre el terreno.

El Fiscal de la RPD afirmó que los investigadores ya han determinado quiénes son los asesinos de Tolstij: un ataque terrorista realizado por un grupo de sabotaje y reconocimiento ucraniano. Las autoridades de las RPD prometen detener y castigar a los asesinos del famoso comandante según las leyes de la guerra.

Este ataque y el anterior asesinato del coronel Arsen Pavlov, Motorola, son eslabones de la misma cadena. Se trata de ataques de los servicios especiales de Ucrania, explicó en declaraciones a Interfax una fuente de las agencias del orden de la República Popular de Donetsk.

El Servicio de Seguridad de Ucrania no ha confirmado ni desmentido la información de la muerte de “uno de los líderes de los militantes” de la RPD apodado Givi, afirmó en una aparición en el canal de televisión “112 Ukraina” el director del SBU, Yuriy Tandit.

Hay que añadir que el pasado sábado, en el centro de Lugansk, se produjo un ataque con coche bomba calificado como ataque terrorista. En él murió el jefe de la policía nacional de la RPL, Oleg Anaschenko en un ataque que, según comentó Vzglyad, en la práctica descabeza a dicha estructura. El ministerio de Defensa de la RPL acusó del crimen a los servicios secretos ucranianos.

“Podría llevar protección, pero no voy a hacerlo”

Antiguo conductor de camión, Mijail Tolstij se dio a conocer en el verano de 2014 durante la batalla por Ilovaisk. A los 34 años (en 2014), el comandante de la milicia participó en la defensa de Slavyansk, jugó un papel importante a la hora de repeler el ataque de las tropas ucranianas y la posterior batalla y bolsa de Ilovaisk.

Entonces cooperó con el conocido comandante de la milicia y líder del batallón Sparta, Arsen Pavlov, más conocido por su nombre de guerra, Motorola. El tándem de los comandantes Givi y Motorola se recuerda también por la lucha por el aeropuerto de Donetsk entre septiembre de 2014 y enero de 2015, cuando Sparta y Somalia pasaron a ser consideradas como las unidades más efectivas de las milicias. En una especie de “premio”, Givi y Motorola fueron incluidos en la lista de sanciones de la Unión Europea.

El coronel Arsen Pavlov murió en octubre del año pasado a causa de la explosión de una bomba, tras la que Tolstij prometió venganza por la muerte de su amigo y compañero. Entonces comenzaron a llegar las amenazas de los radicales ucranianos, a las que Givi se refirió en esos términos: “He leído los comentarios en los que los camaradas ucranianos me mandan recuerdos. No tengo miedo de nada”, declaró entonces el comandante. “No tengo nada que perder. Sé que estoy haciendo lo correcto. Estoy luchando por nuestra tierra y por la libertad de la República”.

“Seguiré llevando la misma vida comandando la unidad militar. Se puede poner protección en grandes cantidades, pero no voy a hacer eso. No tengo miedo por mi vida. No me considero tan importante como Arsen. Arsen me sacaba una cabeza”, afirmó Givi.

A finales de octubre, el ministerio de Defensa de la República Popular de Donetsk negó la información publicada por la Unión de Paracaidistas de Transnistria que afirmaba que Givi iba a abandonar la RPD para instalarse en Transnistria.

¿Contra quién lucha el Ejército Ucraniano?

El pasado 3 de febrero, el comandante del batallón Somalía confirmó haber sufrido leves lesiones en el transcurso de la batalla en la zona de Avdeevka. Las lesiones se produjeron cuando la milicia luchaba por las posiciones capturadas por el enemigo. La operación se realizó conjuntamente con el 11º Regimiento del ejército de la RPD y el batallón Sparta. Según Givi, finalmente el 99% de las posiciones volvieron a ponerse bajo control de la RPD.

En declaraciones a Lifenews en relación a sus lesiones, Givi negó la información publicada por la prensa ucraniana, que afirmaba que se había disparado a sí mismo en el pie: “siento decepcionar, no hice nada por el estilo. Además, al día siguiente ya estaba en el frente comandando el batallón”.

Según el comandante del batallón Somalía, las tropas ucranianas han sufrido serias bajas. “No son eficientes. No pueden luchar contra nosotros. ¿Y contra quién luchan [el Ejército Ucraniano]? Por desgracia, contra los civiles. Pido perdón a los civiles que se han visto bajo las bombas, pero las Fuerzas Armadas de la República han hecho todo lo que podían hacer”, explicó.

Antes, la parte ucraniana también había informado sobre la muerte de uno de los camaradas de Givi, el miliciano apodado Konsul, que refutó la información con un original vídeo.

Video de homenaje a A la memoria al héroe de Donbass, al comandante GIVI ✭ Donbass 08.02.2017



lunes, 9 de mayo de 2016

El comunista español que ayudó a tomar el Reichstag e izar la bandera Sovietica


EL PROTAGONISMO DESCONOCIDO DE UN MILITANTE DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA EN UNA DE LAS IMÁGENES DEL SIGLO XX

La bandera roja bajo el cielo de Berlín

Francisco Ripoll: "La noche del 29 de abril recibimos la orden de asaltar el Reichstag. Fue un combate duro ya que había muchos soldados de la Gestapo y de las SS y muchos oficiales, lo mejor de lo que le quedaba al ejército nazi en Berlín".

Francisco Ripoll, militante del PCE participante en la toma del Reichstag en mayo de 1945
Es una de las imágenes que condensan la historia del siglo XX: hace sesenta años los soldados soviéticos izaron la bandera roja en el Reichstag. Aquella fotografía simbolizó la derrota nazi y la lucha y el sacrificio de los pueblos soviéticos y los militantes comunistas de toda Europea contra la barbarie fascista. Uno de los tres protagonistas de aquel hito fue Francisco Ripoll, un "niño de la guerra" que se alistó como voluntario para luchar contra el fascismo. Ripoll militó en el PCE hasta su fallecimiento hace cuatro años. Ofrecemos este reportaje inédito en Mundo Obrero como homenaje a todos los camaradas que dieron su vida durante la Segunda Guerra Mundial, ahora que los fastos oficiales por el 60º aniversario del final de la contienda en Europa les condenarán, una vez más, al olvido.

Francisco Ripoll nació a bordo de un barco camino de Cartagena. Su padre era militar de la armada y de pequeño vivió entre Barcelona y este puerto, donde su progenitor estuvo destinado durante parte de la guerra civil. "Éramos cinco hermanos, cuatro fuimos enviados a la URSS y al quinto lo mataron unos falangistas de una paliza", me explicó hace seis años y medio en Benidorm (Alicante), donde vivía y colaboraba con el grupo municipal de Esquerra Unida.

Junto con ellos fue enviado en el último barco que trasladó niños españoles a la Unión Soviética, eran 120 chicos con edades comprendidas entre 4 y 14 años. Aún evoca con emoción el recibimiento que les dispensaron en Leningrado. "En el muelle nos esperaban miles de personas. Había orquestas, estaban los pioneros.... Vivimos un mes en un hotel y luego nos distribuyeron por las distintas casas de niños españoles". 

En 1940 llegó a la Casa de Jóvenes Españoles de Leningrado. "Allí éramos como hermanos. Influía mucho que no teníamos a los padres, a nadie, sólo el cariño que nos daban la educadora, los profesores". Aquel año se afilió al Komsommol (juventudes comunistas) y, en 1943, al PCUS. 

En junio de 1941, diez días después de que Hitler lanzara la Operación Barbarroja e invadiera la Unión Soviética, Francisco Ripoll se alistó como voluntario en el ejército soviético. "Todos teníamos el mismo sentimiento: proseguir la lucha de nuestros padres contra el fascismo. De los chavales que estábamos allí, al que no le habían matado el padre, le habían matado el hermano o estaban en la cárcel o el exilio".

Resistió los 900 días del cerco de Leningrado. "Conservo muchos y muy malos recuerdos de la guerra. El invierno de 1941 a 1942 fue el más duro. Llegamos a estar a 50 grados bajo cero". En 1944, el ejército soviético logró romper el asedio y entonces la división a la que pertenecía avanzó por el Báltico y llegó a Polonia. 

Allí se toparon con el horror del Holocausto: "Fuimos los primeros en entrar en Auschwitz. Apenas estuvimos algunas horas porque debíamos seguir camino y detrás vinieron otros, que cuidaron de la gente que había allí. No encontramos a ningún nazi. Había cientos de chiquillos, otro grupo de mayores... Vimos todavía cadáveres dentro de los hornos a medio quemar. Aquello fue horrible: ver montones de pelos humanos, de zapatos, de gafas, de ropa de todas clases... Lo que más me impresionó fueron las cabelleras humanas, eran de todos los colores. En los barracones de los oficiales, encontramos pantallas de las lámparas hechas de piel humana, al igual que dos o tres monederos y carteras de bolsillo".

Una foto para la historia    



Francisco Ripoll, que tenía entonces veinte años, era teniente de la XV División de Voluntarios y con ella llegó a las puertas de Berlín hacia el 27 de abril. En las filas soviéticas había un "ambiente de euforia" ya que "estábamos deseando entrar". "La orden de asalto a Berlín llegó el día 29. La ciudad estaba prácticamente destruida por los bombardeos de los ingleses. Se luchaba casa por casa. Hitler concentró a la flor y la nata de lo que le quedaba, incluso a los críos de las Juventudes Hitlerianas".

"La noche del 29 de abril recibimos la orden de asaltar el Reichstag. Fue un combate duro ya que había muchos soldados de la Gestapo y de las SS y muchos oficiales, lo mejor de lo que le quedaba al ejército nazi en Berlín. En unas horas lo tomamos".

"El 30 de abril [el mismo día que Hitler se suicidó en su búnker] se colocó la bandera. Había varios fotógrafos soviéticos en el frente pero no les hacíamos caso. Se pidieron voluntarios. Primero subieron cuatro, pero, cuando ya estaban arriba, francotiradores camuflados en los edificios de alrededor los mataron. La bandera cayó y la recogimos nosotros. Nunca se ha hablado de esto pero nosotros lo sabemos. Un mando pidió voluntarios y... allí estaba yo. Subimos. Nos tuvimos que abrir paso a base de bombas de mano, de granadas y ráfagas de metralleta hasta llegar arriba porque el Reichstag es un laberinto". 

"Estuvimos arriba una media hora. Seguían los disparos de los francotiradores, pero cuando cesaron, izamos la bandera durante unos minutos. La colocó el que recibió la orden. Cuando nos marchamos, subieron otros soldados para mantener la vigilancia. Todos queríamos bajar de allí por el peligro que suponían los francotiradores". Del fotógrafo, Yevgueni Jaldeï, sólo recordó que "hizo su trabajo en condiciones muy difíciles por los disparos y nada más. No nos dijo nada".

Jaldeï tomó varias instantáneas. En ellas aparece Francisco Ripoll junto a sus dos camaradas, observando cómo la bandera roja ondea sobre el Berlín liberado. Es una fotografía mítica que simboliza la derrota del nazismo. Su nulo afán de protagonismo y el hecho de que durante la guerra adoptara un nombre ruso (Vladimir Dubrosky) pueden explicar que nunca haya sido identificado.

Orgullo para toda la vida

Para Ripoll haber combatido con la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial fue "el orgullo más grande de mi vida". Recibió, entre otras, la insignia del cerco de Leningrado, la del Ejército Popular de Voluntarios y la Orden de la Gran Guerra Patria, la más importante de las que se crearon en la URSS durante un conflicto que le costó la muerte de más de 25 millones de personas.

Después de la guerra estudió Náutica, se enroló en la flota del Volga y estudió en la escuela naval de Astrakán. En 1957 decidió regresar a España e ingresó en el PCE. "Cuando llegué me retiraron toda la documentación, no me dejaron salir y la Brigada Político-Social me entregó un carnet de identidad que era vergonzoso. No podía salir de Barcelona". 

Durante los últimos años de su vida trabajó por rescatar del olvido la memoria de sus jóvenes compañeros. "No quiero protagonismo, sólo sacar adelante mi proyecto", me dijo. Su proyecto consistía en levantar un monumento en San Petesburgo en memoria de los 72 muchachos que vivieron con él en la Casa de Jóvenes Españoles de aquella ciudad y que murieron en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial combatiendo contra el fascismo en el ejército soviético. Casi todos ellos eran militantes del PCE.

El propio fotógrafo Yevgueni Jaldeï
Algunos de ellos fueron capturados por los alemanes ("heridos", recalcó) y "enviados a Franco y fusilados en España". "Incluso dos de ellos estuvieron en la División Azul, se pasaron con nosotros y después estuvieron luchando contra los nazis". En aquella Casa había entre 120 y 150 niños y niñas y algunos de ellos murieron por inanición o a consecuencia de los bombardeos. 

Logró incluso todos los permisos para colocar el monumento en dicha Casa, que hoy es un colegio. En él figurarían los emblemas de la II República Española (la estrella de tres puntas) y de la URSS (la estrella roja) con una rama de olivo, símbolo de la paz, y 72 estrellas. Sin embargo, su vida se extinguió sin que pudiera ver su proyecto hecho realidad y preguntándose quién se acordaba de ellos mientras mostraba la lista de sus camaradas caídos en el frente. "Nadie, eso es lo que más me indigna".
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Nota de la Redacción: Mundo Obrero agradece a Mario Amorós el haber escrito este reportaje para nuestro periódico.
Publicado en el Nº 164 de la edición impresa de Mundo Obrero

martes, 15 de marzo de 2016

Ser como Gómez Pagola

Por Lucas Carvajal. 

La historia del futbolista vasco y comunista que resistió al franquismo


Quique Peinado, periodista deportivo español, lanzó en 2013 el interesante libro “Futbolistas de izquierdas”. Se trata de una muy buena recolección de relatos sobre jugadores de balompié que, de una manera otra, escribieron con la zurda su vida política. 

El primero de ellos empieza con una frase digna del dramatismo que solo el fútbol nos regala:“Si los comunistas creen que el fútbol es el opio del pueblo, el Partido Comunista de España en los 60 era un campo de amapolas”. La historia en cuestión es la de Agustín Gómez Pagola, ciudadano de la República Española, nacido en 1922 en la ciudad vasca de Rentería. 

En plena Guerra Civil, el adolescente Agustín huía a la Unión Soviética para salvar su vida: fue uno de los famosos niños de la Guerra, cientos de jóvenes de familias republicanas que marcharon a Moscú ante la inminencia de la victoria franquista. En la URSS, Agustín se convirtió en un ejemplar futbolista del naciente sistema deportivo socialista, jugando con el Torpedo de Moscú y con la selección soviética. Goleador, capitán y stajanovista de las canchas, al lado de sus méritos deportivos guardaba Agustín un honor mucho más discreto: era militante del Partido Comunista de España en el exilio y organizador clandestino de una militancia desperdigada por el mundo entero. Mientras viajaba con su club o su selección, nuestro héroe militaba silenciosamente en el exilio comunista español. 

Después de inscribir su nombre con letras doradas en la historia del Torpedo de Moscú, un Agustín mayorcito volvió a España tras ser fichado brevemente por el Atlético de Madrid. Corría el año del 56 y Franco abría las puertas para quienes quisieran huir del país de los Soviets. Entonces la clandestina militancia comunista de nuestro héroe encontró la mejor tapadera posible: las rayas rojiblancas del equipo colchonero. 

Ya retirado de la práctica profesional, Gómez Pagola se dedica a entrenar equipos de juveniles en Euskadi mientras organiza y coordina a la resistencia comunista vasca, siempre en silencio, sin notoriedad alguna. 

En 1961 es capturado por las fuerzas de seguridad, torturado y liberado gracias a una campaña internacional. Exiliado en Venezuela, continúa en el trabajo internacional de su Partido, siendo integrante del Comité Central. 

Con la aparición de la tendencia eurocomunista en los partidos de Europa Occidental, Gómez Pagola se ubica en el bando de quienes la rechazan y se enfrenta decididamente a Santiago Carrillo en el Comité Central del PCE. Carrillo, secretario general, promueve el antisovietismo y la concertación política. En 1969 la lucha interna lleva a que el sector eurocomunista expulse a los dirigentes del sector marxista-leninista, Gómez Pagola incluido.

La llamada “escisión pro-soviética” de la que Agustín participa, conformaría el Partido Comunista de España (VIII-IX Congreso) del que surgiría el actual Partido Comunista de los Pueblos de España. En 1975, atacado por una enfermedad terminal, fallece nuestro héroe en Moscú. Sus restos descansan en el cementerio de Donskoi, paradójicamente cerca de la tumba de Solzhenitsin.

La vida de Agustín Gómez Pagola, repleta de peligros y de sacrificios, contrasta radicalmente con los arquetipos de futbolistas que se nos presentan día a día. La última entrega del Balón de Oro es paradigmática: jugadores-modelos pisan la alfombra roja, saludan a sus patrocinadores y llenan los bolsillos de sus representantes. 

¿De qué era producto Gómez Pagola? ¿De los horrores de la Guerra Civil y el franquismo? ¿De la férrea cultura conspirativa de los comunistas de la posguerra? ¿De la Guerra Fría? Seguramente algo habrá de cada uno de estos elementos. 

Pero un fútbol ajeno a mercantilismos, afín al sentir colectivo de los clubes y los seleccionados, algo habrá tenido que ver. Y así, mientras el circo del fútbol moderno discute sobre quién fichará a cuál jugador o cuáles son los guayos de la temporada, algunos discretamente ponemos el retrato de un vasco calvo y gordito en nuestro santoral de los futbolistas literalmente zurdos. 

Sí, allí, al lado de la foto del Doctor Sócrates que exigía ganar o perder, pero siempre en democracia. O de la de ese Cantoná enemigo del capital financiero. O arribita de la de Caszely negándose a darle la mano a Pinochet. 

Y así, entre tantos héroes y de tantos sueños de alcanzar de un fútbol distinto, nos comprometemos en ser militantes de la talla de Gómez Pagola.