sábado, 3 de octubre de 2015

El quinto regimiento, José Herrera Petere

José Herrera Petere fue, por méritos propios, el gran poeta del Quinto Regimiento, y autor de su himno de marcha. Este regimiento se convirtió, aunque fuera formado por el Partido Comunista, en la unidad modélica del Pueblo en armas, en la cual confluyeron militantes de todas las organizaciones políticas y sindicatos leales al Gobierno.

Herrera Petere y Carmen Soler en el frente 
de Jaén, 1937
(Archivo: Familia Herrera)
El Quinto Regimiento supo canalizar y dar forma eficaz a ese gran caudal de generosidad humana. y de la resistencia y combate consciente: “Luchar y saber por qué se lucha”. Con pedagogía, técnica y aprendizaje. Con defensa y difusión de la Cultura a todos los niveles. Y por supuesto, con disciplina: disciplina hecha virtud revolucionaria. Porque había que resistir. Y se resistió. 

Nació en Guadalajara un 27 de octubre de 1927, siendo hijo del general Emilio Herrera Linares, destacado pionero de la Aviación española y reputado científico, siendo conocido por su defensa del esperanto como lengua universal, y que sería Presidente de la República en el exilio desde 1960 a 1962.

Con el estallido de la Guerra Civil en 1936, Petere se alista inmediatamente en el Quinto Regimiento y participaría como poeta y soldado en diversos frentes. En 1931 se había alistado al Partido Comunista. En la guerra es cuando se convierte en un prolífico poeta componiendo versos y canciones de arenga del bando republicano. Usó un lenguaje y una técnica sencillos, estilos como el romance o la copla y un carácter político con el fin de que pudiese llegar a todos los soldados, especialmente los menos instruidos. Publicaba bien por octavillas sueltas, bien mediante distintas revistas como El Mono Azul, Hora España o Milicia Popular, lo que le aseguró una gran aceptación entre los combatientes y que fuera el poeta más publicado durante esos años, tanto que muchos de sus poemas aparecerían repetidos en diversas recopilaciones de escritos sobre la guerra civil. Gran parte de su obra en los años de la guerra los terminaría siendo recogida en el libro Guerra viva, publicado en 1938, obra que se ofrece como un testimonio vivo sobre la contienda desde el frente republicano. Ese año también publicaría Acero de Madrid, libro épico por el cual recibiría el Premio Nacional de Literatura.


Miguel Hernandez y Herrera Pétere al acordeón,
mayo de 1937
Sería también durante la guerra, el 15 de febrero de 1937, cuando contrae matrimonio con CarmenSoler de Herrera, la mujer que estaría a su lado durante el resto de su vida. El 1 de septiembre de ese mismo año moriría en el frente de Teruel su único hermano, de apenas 19 años, Emilio Herrera Aguilera, piloto republicano, hecho que le marcaría durante toda su vida sumiéndole en una profunda melancolía que se vería reflejado en algunos de sus poemas posteriores.

Tras el final de la guerra se exiliaría en Francia. A los pocos días es internado en el campo de concentración de Saint-Cyprien, en los Pirineos Orientales franceses, de donde saldría en libertad gracias a la mediación de Pablo Picasso. Con él llega a París donde se reuniría con su padre y con su esposa, exiliados poco tiempo antes. El 14 de abril nace su primer hijo, Emilio. En mayo se traslada a México junto con otros exiliados españoles, donde residirá durante casi un decenio entre México, D. F. y Cuernavaca.

Durante la dictadura franquista y sus actuales coletazos borbónicos Herrera Petera ha sido calculadamente invisibilizado, a pesar de que, como hemos dicho, fue, junto con Miguel Hernández, del que sería gran amigo, el poeta más conocido de la España legítima republicana y por todos los combatientes de los ejércitos españoles en la guerra contra el fascismo. En todo caso, ambos camaradas y amigos serían, ante todo, poetas y soldados del pueblo.

La victoria en Madrid, en un 7 de noviembre ya inmortal, fue la luz que se vio en todo el mundo, alumbrando el camino de los pueblos libres para derrotar la oscuridad; el fascismo. Ese día, Franco perdió para siempre. Da igual lo que hiciera después; lo que hagan: perdió para siempre. Perdió el porvenir. Y Herrera Petere lo plasmó en uno de sus más famosos poemas: El quinto regimiento:



Lava de Madrid que corre,
lava por barrios enteros;
lava de Madrid que vuela,
lava por campos y cerros,
que al Guadarrama se llega
por los caminos ardiendo,
donde la negra culebra
del fascismo silba al viento;
lava que, líquida, corre,
ha de trocarse en acero,
que el Partido Comunista,
cuando en julio ardía el pueblo,
para vencer al fascismo
fundó el Quinto Regimiento.

Cuartel de Francos Rodríguez,
solar bajo el sol de fuego,
roja iglesia, rojos muros
de ladrillo y cemento,
filas de obreros se instruyen,
filas y filas de acero,
a falta de los fusiles,
al hombro llevan maderos;
a falta de bayonetas,
brazos y puños de hierro.

En la arena soleada
forman las filas de obreros,
pasos firmes, roncas voces,
fuertes brazos, ojos fieros,
Allá por el horizonte
se ven asomar los cerros
donde la negra serpiente
del fascismo silba al viento.

Cuartel de Francos Rodríguez
cuartel bajo el sol de fuego,
fuerte solar de cultura,
de fuerza del mundo nuevo,
en tus arenas ardientes
se instruyeron madrileños,
se fundió su ira roja
para trocarse en acero,
que el Partido Comunista
formó el Quinto Regimiento.

Batallones los de Thaelmann,
batallones los de Acero,
brigada de la Victoria,
Líster, Galán y Modesto,
Benito, Arellano, Heredia,
Cortijo y Paolo muertos,
vuestra sangre corrió unida
por el Quinto Regimiento,
por España antifascista,
alto, muy alto, el acero,
cómo se organiza y lucha
con consignas del momento,
cómo es cada vez más fuerte
el gran Quinto Regimiento;
cómo un pueblo ha transformado
en muro de firme acero.

¡Gran Regimiento de España,
gran Regimiento del pueblo,
que tu fuerte savia pase
contigo al único Ejército!
Si esto ocurre, de seguro
pronto el fascio será muerto.
Que tus hombres organicen
el gran Ejército nuevo,
único y libre de España,
grande, potente y certero;
sólo entonces, como tú,
podrá llamarse de acero.

José Herrera Petere
(Publicado en Milicia Popular, nº 146, 31 de diciembre de 1936)

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