lunes, 22 de octubre de 2012

Cantabria sin voz

   Nuestra provincia, nuestra región, nuestra comunidad, Nuestro país, Cantabria, pasa al igual que el resto de comunidades del estado por una situación precaria, en cuanto a los derechos básicos que rigen a toda sociedad, democrática. Hablamos de empleo digno, vivienda, sanidad educación, desarrollo cultural, etc. etc. Esto está siendo una tónica habitual en España, en mayor grado o medida, dependiendo el grado de concienciación con el proyecto autonomista o de país respectivo.

   Cantabria siempre ha sido la paria pobre del estado español, tanto en el aspecto económico como político, a que se debe este déficit. Sin duda, y es una opinión mi propia producto de la experiencia de años, es a la falta de compromiso político de sus gentes, que no de sentimiento con la nación cántabra, o de sentimiento cántabro, si así queremos llamarlo.

   Yo como cantabrista o como cántabro, he asistido las diversas fases del sentimiento cántabro y de la percepción de Cantabria como ente histórico o nacional. He visto muchas veces subir y bajar el listón del cantabricismo. Jamás he visto un atisbo de independencia, a pesar del sentimiento mayoritario de orgullo de ser cántabro. Somos una comunidad atípica que en los años del tardofranquismo recibió muchos emigrantes de Castilla, que en cierta media a modelado el sentimiento de los cántabros.
   
   Después de todos estos acontecimientos que he descrito y se de lo que hablo con conocimiento de causa. Jamás pensé que vería una claudicación tan fragante de la reivindicación y defensa de los intereses de Cantabria como la que en estos momentos de crisis económica y sobre todo de valores estamos viviendo.
    Y seguramente los que me conozcan saben de lo que estoy hablando. Sí, estoy hablado de Asociación para la Defensa de los Interés de Cantabria, ADIC. No recuerdo en mi vida una ADIC tan despolitizada y tan indolente con los problemas, culturales, sociales, económicos y ecologistas de mi querida Cantabria.

   Bajo el paraguas del apoliticismo surgió la nueva dirección de ADIC, pero bajo ese falsa premisa se oculta una carencia de ideas liderzago de cantabricidad. Si alguien conoce al nuevo presidente de la asociación sabe de qué hablo.

   No se puede basar toda la estrategia de la asociación en el apoliticismo rapante, con toda la que esta cayendo en Cantabria. De falta de un proyecto político que de salida para la economía de nuestra comunidad. El paro, la falta de una ley estricta y sobre todo de una voluntad política de defensa del medio ambiente, está poniendo en peligro, más aun si cabe el futuro de Cantabria.
ADIC surgió sobre las premisas políticas de la defensa de los intereses de los cantabr@s. NO sobre conceptos abstractos de apoliticismo. Si ADIC llego a ser grande y tener prestigio y peso en sus acciones, no solo entre los ciudadanos también sobre los políticos, fue por su capacidad de análisis y de compromiso con la gente de a pie. Por que ADIC nunca rehuyó la batalla política, porque siempre fue popular e la concepción literal de la palabra. Estuvo siempre con el pueblo, tanto trabajador como ganadero.

   Por eso como cántabro y como antiguo militante de ADIC me gustaría que la asociación retornara a la senda de la política, porque con toda la que nos esta cayendo encima, no es hora de esconder el bulto y menos de una asociación tan combativa históricamente como ha sido ADIC.
Jugar la carta de la neutralidad y del falso apoliticismo, solo beneficia a los que gobiernan de espaldas al pueblo cántabro. Me da igual sus siglas. Mientras aquí nuestros jóvenes tengan que emigrar por falta de perspectivas labores, mientras aquí el bienestar de unos pocos estén por encima del bien de la mayoría de cantabr@, mientras aquí todos los planes económicos pasen por la destrucción del medio ambiente cántabro, etc. etc.…. Siempre tendrá que haber una voz que se levante contra todas esas injusticias y si no hay ninguna asociación que se preste a defender los intereses de Cantabria. La volveremos a refundar.

  Todo esto me sale de mi sensibilidad como mi tierra, con mi país, no con el ánimo de crear falsa polémica y mucho menos de confrontar en vano con mis amigos. Es un deber patriótico para mi entender, denunciar la situación de estrecheces y de pobreza que pasamos los cántabros. No es hora de callarse.

  La política es necesaria, el silencio es ignominioso.

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