viernes, 25 de octubre de 2013

Discurso de Vladimir Voronin en el XX Aniversario del Partido Comunista de la Republica Moldova

Traducido del ruso por Josafat S. comín

Intervención de Vladímir Voronin, presidente del Partido Comunista de la República de Moldavia (PCRM) en el acto solemne de conmemoración del 20 aniversario de la creación del partido

Queridos camaradas y correligionarios, queridos compatriotas,

Hace más de 20 años, las oscuras fuerzas de la reacción y la división acabaron con nuestro gran país, la Unión Soviética. Cada una de las antiguas repúblicas tuvo que buscar en solitario su propio camino para sobrevivir, para mantenerse a flote en ese abismo de tormenta geopolítica. Todos nosotros, que hasta ayer, vivíamos en una gran país, plurinacional, nos vimos separados, territorial y económicamente. En el lugar del PCUS, surgen cientos de nuevos partidos políticos. Unos partidos que esta vez no surgían fruto de determinados intereses sociales o debates doctrinarios, sino que aparecían y desaparecían como si fueran puestos en un mercadillo. La política misma, se convirtió en un negocio rentable. Y esa política, ese negocio, inmediatamente lo protegieron de la única amenaza posible, de la única y principal competencia política: los partidos y movimientos comunistas. Por eso en muchos países, los comunistas y sus organizaciones acabaron siendo prohibidos.

La formación del sistema político en Moldavia siguió ese mismo y lamentable esquema. Aquí ajustaron cuentas con el comunismo de un modo especialmente cínico y cruel. Aunque, tras un periodo muy breve, resultó que sería precisamente en Moldavia, donde el ideal comunista habría de recibir una segunda vida. Fue precisamente en Moldavia, donde surgiría ese fenómeno del renacimiento comunista –ideológico y práctico- que veinte años después, continúa siendo el lado más sorprendente de la vida política moldava.

Queridos camaradas,


No es fácil seleccionar las palabras con las que describir y expresar todo lo que ocurrió aquí hace veinte años. Fue algo increíble, un acontecimiento extraordinario. No se había disipado aún el olor a quemado en el sangriento conflicto de Predniestrovie, aún se oían los gritos histéricos de los anticomunistas, continuaba la sádica profanación de toda la herencia soviética, y ya a todo aquello se le lanzaba un desafío. En Chisinau se reunía la conferencia constituyente del Partido Comunista de la República de Moldavia. En el camino de la desintegración y degradación incontenible, se cruza una fuerza política, que estaba destinada a cambiar radicalmente el curso de la historia moldava.

Es difícil imaginar ahora que habría ocurrido si en aquel octubre, hubiéramos obrado de modo distinto. Y motivos había más que suficientes. Aunque el principal era más bien de carácter sicológico. Juzguen ustedes mismos, cuando todos por todas partes hablan de la debacle total y definitiva del comunismo, cuando los antiguos primeros secretarios del partido y miembros del Politburó alardean de romper sus carnets… ¡Qué difícil era entonces moverse a contracorriente! Para ello había que contar con una fortaleza moral y humana única, poseer una reserva de conciencia y dignidad, que debía superar con creces la que se presupone para una vida humana. Y esa fue precisamente la gente que fundó el Partido comunista. Están hoy en esta sala, ¡saludémosles!

Permítanme queridos camaradas, correligionarios, que les felicite por este veinte aniversario de nuestro partido, el Partido de los comunistas de la República de Moldavia, por esta fecha, en que nuestra bandera roja se izó de nuevo en el mástil de la lucha por la justicia y la libertad.

Queridos camaradas,

Todos nosotros, gentes de las más diversas edades y generaciones, cumplimos veinte años en estos días. ¡Apenas veinte! Por eso pienso que hoy en esta sala nos hemos dado cita unos auténticos coetáneos políticos e ideológicos. Eso somos y así nos sentimos. Y no puede haber una mejor manera de definir y comprender la esencia misma de nuestra unidad espiritual, de nuestra hermandad insuperable y de nuestra fortaleza política.

Nuestros valores, la solidaridad, el internacionalismo, el poder popular y la justicia social, siguen perdurando. No envejecen ni retroceden ante el rostro de la historia. Nuestros principios de lucha por los derechos de las personas, por la existencia de un estado moldavo, por la libertad, cada día, cada hora, son puestos a prueba. Y yo, con toda mi alma, os quiero expresar hoy mi reconocimiento a todos vosotros, que habéis dedicado vuestras vidas a esta lucha, que no tuvisteis miedo, en las horas más decisivas de aquella época despiadada, de seguir siendo auténticas personas, verdaderos patriotas. Sois precisamente vosotros, los que habéis recorrido estos veinte años, quienes permaneceréis como únicos abanderados de esa misma esperanza social, sin la que es imposible vivir y fijar el camino al futuro.

Y es precisamente de futuro de lo que deberíamos hablar hoy, en estos días de nuestro veinte aniversario. Sobre el futuro de nuestro partido y de nuestro país, del futuro de millones de nuestros compatriotas, que han sido de nuevo despojados del derecho al optimismo y a tener una perspectiva vital.

Por muy querida y relevante que fuera la experiencia del PCUS y del primer sistema de estado soviético socialista, por muy valiosa que sea la praxis de nuestros ocho años de gobierno, no pueden ser la nostalgia ni la tarea de recuperar lo que teníamos, lo que nos una. Estamos hoy unidos por la idea de la creación de algo nuevo.

Esa fue la promesa que nos hicimos y sobre la que discurrió nuestro trabajo en nuestra primera etapa como oposición, hasta el 2001. Sobre ello se construyó nuestro trabajo en el periodo que estuvimos al frente del gobierno. Y hoy día, no solo seguimos siendo un partido movilizado y disciplinado, somos también un equipo creativo, que sabe encontrar las soluciones más inesperadas y sorprendentes. Así debe ser hoy la organización política de los comunistas: seguir firmes sobre las bases de los cimientos científicos marxistas, y estar abiertos a nuevas soluciones, ideas y estrategias sociales. Para un partido con muchos miles de militantes y una edad media de 37 años, esa debe ser la principal garantía de éxito político y de su popularidad.

Pero no podemos quedarnos dormidos en los laureles de logros pasados y encuestas sociológicas actuales. El partido es una organización, que necesita de un trabajo diario, a menudo rutinario. Un trabajo, capaz de convertir a decenas de miles de personas distintas en un solo organismo, bien engranado, en un equipo construido como una orquesta sinfónica, capaz de ejecutar con la más refinada exigencia cada nota. Y en este sentido, la lucha en nuestro estado de oposición parlamentaria es especialmente exigente en cuanto a responsabilidad. No solo se nos exige que seamos críticos y mordaces, también tenemos que saber encontrar y ofrecer soluciones, cuando no son en absoluto demandadas por el gobierno, o cuando la sociedad las pueda interpretar como vacíos lemas populistas

Han pasado apenas cuatro años, pero ya está claro, que la sociedad demanda de los comunistas, como principal fuerza de oposición, un listado entero de nuevas tareas. Unas tareas, que parten directamente de los condicionantes derivados de la profunda crisis en la que se encuentra hoy el país. Es precisamente ahora, en estos días de creciente resistencia a nivel nacional frente al actual régimen, cuando suenan esas mismas preguntas de un modo más categórico y exigente. Se las podría resumir fácilmente: todos saben contra qué luchar, pero ¿en nombre de qué? ¡Respondan, comunistas, a esta pregunta! Es una exigencia que cada vez suena más y más.

Por cierto que a lo largo de estos veinte años no es la primera vez que nos enfrentamos a una postura tan exigente por parte de la sociedad. Y hoy esa pregunta es más que oportuna y justa. El 85% de la gente niega su apoyo al actual gobierno, pero esa mayoría absoluta de la población del país, sigue sin ver salida a la crisis. Y su desesperación, por desgracia es la mejor base social de ese “Estado ocupado” en el que se ha convertido Moldavia. Esa falta de fe en su capacidad, en sus fuerzas para revertir la situación, es el principal aliado de estos ladrones corruptos que tenemos en el gobierno.

¿Cómo insuflar optimismo en los espíritus de esa mayoría absoluta de gente desesperada? ¿Cómo lograr que te sigan? ¿Qué les podemos ofrecer a ellos, al país en general?

A un país que se encuentra en una situación incomparablemente peor que en el 2001. A un país al que ya han dividido en partes, al que en ambas orillas del Dniéster, se apresuran a oficiar misas fúnebres.

Cualquier referencia a nuestros documentos programáticos y proyectos, es hoy inútil. Campesinos y obreros, habitantes de las ciudades y pueblos, médicos, maestros y estudiantes, jubilados y desempleados, esperan respuestas sencillas y claras. Y si esas respuestas no se las ofrecemos si no llegan del partido de la oposición más potente e influyente, entonces la sentencia que acabará con Moldavia, entrará en vigor.

Camaradas,

Nosotros tenemos respuestas a esas preguntas. Permitidme que las exponga no solo en este acto conmemorativo. Aprovechando la ocasión querría hoy que llegasen a todo el país, a todos los ciudadanos de Moldavia.

Así pues, comencemos por aquello de lo que todo el mundo habla: Moldavia necesita modernizarse. Al mencionarlo, quien más quien menos, se imagina más o menos lo mismo: Hablamos de una economía desarrollada, basada en la aplicación de nuevas tecnologías y en la innovación; hablamos de una sector agrario competitivo y modernizado; hablamos de una educación adecuada a los tiempos, de un sistema democrático eficaz y un poder judicial insobornable. También entrarían aquí unos elevados indicadores de desarrollo humano y en consecuencia un alto nivel de ocupación, con trabajos bien remunerados y acompañados de buenas pensiones, becas, prestaciones sociales. Podríamos continuar con esta lista. Pero surge la pregunta: ¿de dónde saldría todo eso, como lograrlo? Y no dentro de cien años, a poder ser en un futuro cercano. Si dirigimos la mirada al camino por el que han metido a Moldavia en los últimos años, no encontraremos respuesta a esa pregunta. No se ve la luz al final del túnel. De continuar todo como hasta ahora, el cuadro que nos espera en un futuro próximo será el de un país humillado, con unas ciudades y pueblos abandonados, y unos cementerios repletos.

Pero nosotros vemos salida a esta situación. Sabemos lo que hay que hacer.

Primero: Integrarnos con carácter de urgencia en la Unión aduanera (con Rusia, Bielorrusia y Kazajistán. N de la T.). Eso le permitirá a Moldavia coger un poco de oxígeno. En concreto, significaría la bajada de combustibles y electricidad, o lo que es lo mismo de los costes de producción. Supondría además la salida a unos mercados garantizados, bien conocidos por nuestro país para la realización de nuestros productos. Eso supondría un ahorro en los presupuestos de cerca de quinientos millones de dólares al año que se van en el pago del gas que importamos y permitiría una rebaja en la factura de todos los gastos relacionados con el hogar, creando las condiciones para ampliar y desarrollar la producción local. Estos serían solo algunos de los efectos de dicha integración. Les recuerdo una vez más. L a Unión aduanera en su ejecución práctica no existía antes del 2010, ahora es una realidad.

Y por mucho que haya quien pueda criticar determinados aspectos del funcionamiento de la Unión aduanera, está claro que para Moldavia supondría una reanimación rápida de toda la economía, poder salir del actual estado de muerte clínica.

Este camino es la vía para la reanimación de nuestras ciudades, centros provinciales, capaces con el tiempo de encontrar su lugar en esa telaraña de relaciones corporativas, que propone la economía de la Unión aduanera. Este camino es la única posibilidad de hacer uso del potencial labor en la esfera agraria, cuya producción sigue siendo apreciada en los mercados de nuestros socios tradicionales.

Con este enfoque, a mi modo de ver, deberán estar de acuerdo no solo los tradicionales partidarios del vector orientado al este, de desarrollo de Moldavia, sino también aquellos para quienes Moldavia siempre ha sido, es y será un país europeo. La paradoja de nuestra situación pasa por el hecho de que solo eligiendo el camino que lleva a la Unión aduanera, puede Moldavia convertirse en un país europeo. No el camino al aislamiento internacional, sino al contrario, hacia un sistema estable y comprensible de relaciones, incluidas las que tengamos con la UE, que seguirá siendo el socio principal de Moldavia en todas las cuestiones que afectan a la modernización y perfeccionamiento de nuestro sistema legal.

Segundo: Una política social decidida. Ya sabemos que esta política en gran medida es una cuestión de voluntad política de aquellos que se encuentran en el gobierno y no solo y no tanto de las posibilidades económicas. Si dejamos a la gente sin cobrar sus salarios y pensiones, si recortamos en salud y educación, eso es la auténtica locura económica y el retraso mental del gobierno. Pero si de verdad queremos superar esta crisis social y económica, debemos conseguir que la demanda aumente drásticamente. Lo que traducido al lenguaje normal, significa que tenemos que subir las pensiones, los salarios y las becas. Eso significa además el inmediato restablecimiento, a todas las categorías de población, de las prestaciones sociales que les ha arrebatado el gobierno actual. No puede haber ningún crecimiento económico, si los jubilados de todos los niveles, funcionarios, militares, fuerzas y cuerpos de seguridad y demás estructuras del Estado no reciben lo que les corresponde por derecho, lo que merecen por su trabajo. No puede haber ningún desarrollo, si el salario medio no supera en tres o cuatros veces al salario mínimo. No puede haber ninguna estabilidad social, si las pensiones no se compensan con un crecimiento anual del 20%. No puede haber ningún desarrollo a largo plazo si no volvemos a una educación gratuita en los centros de educación superior.

Este modo de enfocar el problema no es ningún capricho, es la esencia misma de la supervivencia en el siglo XXI, sin la cual será imposible cualquier futuro de progreso nacional.

Les garantizo que lo expuesto aquí, no tiene hoy oponentes entre los auténticos expertos economistas. Si no contamos claro está, a esos que se dedican a holgazanear en el FMI y el Banco Mundial, a los que a fin de cuentas nada les importan esos objetivos de desarrollo social, en no se sabe que Moldavia, ni a esos sirvientes ridículos que hacen las veces de representantes del actual gobierno, quienes ven a nuestro país como un gran mercadillo, en el que todo se compra y se vende.

Tercero: Los últimos cuatro años han situado delante de nosotros otro problema añadido. Para ser honestos, este problema siempre ha existido de un modo u otro, pero nunca como ahora se ha hecho tan apremiante su resolución. Me estoy refiriendo a la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Y como ya sabemos, por nuestra experiencia pasada, que meter a los delincuentes en la cárcel y devolver el orden a las calles es una cuestión de voluntad política, el problema de la corrupción hoy es mucho más serio. Derrotar este mal, que se ha adueñado de todas las estructuras de gobierno, es algo solo posible si se aborda desde diferentes ángulos, utilizando las fuerzas del orden y cambiando radicalmente el actual sistema judicial. Los juzgados deben dejar de ser filiales y divisiones de los clanes oligárquicos para convertirse en un órgano para su inmediato exterminio. Elección directa de jueces, derecho de revocación, sometimiento al control directo de la sociedad, son la única garantía de que esa demanda social de honradez, objetividad e imparcialidad pueda ser realizada.

Camaradas,

Todos debemos comprender y asimilar que el tema de la corrupción en Moldavia es una cuestión de soberanía del país y del pueblo moldavo. Es cuestión de ver quién gobierna el país, los amos del juzgado de Căușeni o el pueblo, los delincuentes o el pueblo.

Tenemos poco tiempo para poder responder correctamente a esas preguntas. Y no puede haber ninguna duda de que todo lo robado, ya sean bancos o aeropuertos u otros sujetos de propiedad pública, que se haya apropiado el gobierno en estos últimos cuatro años, deberán ser devueltos al pueblo y al Estado. No puede haber ninguna duda en que muy pronto, los actuales señores de nuestras vidas correrán como alma que lleva el diablo al oír las palabras juez o tribunal.

Y por último. A menudo nos reprochan por el hecho de que durante nuestro periodo de gobierno invertimos demasiado tiempo y esfuerzo en la resolución del contencioso con Predniestrovie. Nosotros siempre aseguramos que sin la resolución de este problema nuestra organización estatal quedaría coja, incompleta, vulnerable. Es lo que está pasando ahora. En cuanto los comunistas nos vimos en la oposición, el actual gobierno emprendió abiertamente el camino de la división de Moldavia, rechazando de facto la idea misma de la integridad territorial y la unidad cívica. Está todo claro. A este gobierno le aterra la idea de que la gente que vive a ambas orillas del Dniéster, termine cogiéndose de la mano para formar un Estado viable y estable, en el que los adversarios de Moldavia ya no puedan nunca conseguir influencia política.

Las nuevas realidades en política exterior nos dicen que la unidad del país no es ya cuestión de agudos proyectos, debatidos en formatos múltiples. Es cuestión de si somos capaces de encontrar una solución digna, y sobre todo bajo control popular. Pienso que hoy día debemos ser mucho más generosos en ese sentido. Estoy convencido, de que en la situación creada sabremos encontrar una solución común, un compromiso. La disposición de la mayoría de la sociedad moldava para seguir avanzando por el camino de la integración en la Unión aduanera, elimina la mayoría de las contradicciones objetivas, con las que tropezábamos en la resolución del problema de la reintegración de nuestra patria.

Camaradas,

Todo lo aquí expuesto, es el fondo de nuestras propuestas para la sociedad moldava. Como ven, son concretas y bien delimitadas. No escondemos, no enmascaramos nuestros propósitos y tampoco intentamos prometer lo imposible. Estoy seguro de que nuestro partido cuenta con el suficiente potencial humano, profesional y moral, para llevar a la práctica estas tareas.


Pero debemos ser sinceros: llevar estos planes a la realidad solo será posible con la participación de toda la sociedad, apoyándonos en ella, de común acuerdo. Por eso el Partido Comunista de la República de Moldavia declara que todas aquellas fuerzas políticas, que compartan aunque sea parcialmente estos objetivos y los medios para su consecución, serán vistos por nosotros como aliados, independientemente de los nombres las personas, las denominaciones de los partidos, las acusaciones y malentendidos pasados. Si queremos vencer, solo podremos hacerlo juntos unidos en un frente común. No hay otro camino. Y este anuncio cabe interpretarlo como una invitación abierta a entrar en este Frente Popular. Sin condiciones, ni estériles discusiones sobre futuros dividendos políticos.

Estoy seguro de que sabremos sacar a Moldavia adelante. Sé que los días del actual régimen están contados. Y el día de la celebración del veinte aniversario de la fundación del PCRM, quisiera repetir nuestro lema principal: “Quien no esté contra nosotros, está con nosotros”. Solo así, juntos, superaremos este mal, solo así en una marcha conjunta sobre Chisinau, nos libraremos de una vez para siempre de la desgracia que se ha instalado en nuestra casa.


¡Viva la República de Moldavia!

¡Viva el Partido Comunista de la República de Moldavia!

¡República! ¡Poder Popular! ¡Socialismo!


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