viernes, 4 de octubre de 2013

CANTABRIA S.O.S. ECONÓMICO Y SOCIAL


A las malas noticias sobre datos económicos que se van acumulando en la de ya por sí maltrecha economía de Cantabria, hay que sumarle más. ERE'S salvajes, estamos hablando del despido masivo en dos empresas, que por desgracia son de lo poco que queda de industria y que amparándose en la excusa de la mala situación económica pretenden el despido de más 500 trabajadores de la empresa Sniace y otros 92 de la industria de Solvay. Estos nuevos despidos dan el golpe de gracia a la economía depauperada de la cuenca del Besaya y por ende a la economía de nuestra comunidad autónoma. Números que no son más que el reflejo de la incapacidad, incompetencia e ineptitud del gobierno de la nuestra comunidad. Los nuevos datos del mes de septiembre sobre el comportamiento de la evolución del empleo son índices estremecedores del fracaso de las políticas aplicadas desde el gobierno central y autonómico. Encabezamos la lista de comunidades como mayor índice de desempleo el 10% de la media nacional con una población que no llega a los seiscientos mil habitantes, con una pérdida de diez mil habitantes en edad de trabajar. El paro aumentado en el mes de septiembre en Cantabria en un 5% más que el resto del conjunto del Estado pero mientras nuestros gobernantes siguen con sus discursos triunfalistas obviando la grave realidad social y económica, esta continua su marcha inexorable hasta que el problema les estalle debajo de las narices. Son los nerones del siglo XXI que siguen tocando la lira mientras Cantabria arde social y económicamente por los cuatro costados.
Ayer viejos problemas
Hoy mismos problemas
Seguramente esgrimirán como argumento exculpatorio que esto se debe a la “herencia” recibida, que sin duda cierta razón no les falta. La política económica que ha presidido durante todo el periodo de autonomía de Cantabria desde su fundación, se ha basado prácticamente en los sectores del turismo, orientado principalmente al de sol y playa, y de la construcción, basado en la especulación inmobiliaria y la corrupción. Un sector este último que se desarrolló sin ningún criterio de ordenación y de conservación, lo cual hoy en día se ve agravado con la ley de punto y final sobre las construcciones ilegales y la nueva ley de costas y de ordenación del territorio, destruyendo así piezas claves para tener un modelo de desarrollo respetuoso con el medio ambiente y paisajístico. Este modelo económico es altamente inestable y totalmente dependiente de la arbitrariedad del mercado, lo que comúnmente se llama oferta y demanda. Si esto lo unimos a la política de destrucción de los sectores económicos tradicionales por falta de planificación y de ayudas, la incapacidad para sustituir el tejido industrial perdido y el abandono del sector público en manos privadas, tal vez se pueda entender por qué Cantabria se está quedado más desolada que un páramo desértico, con todo lo que eso conlleva al final de empobrecimiento de la clase trabajadora y de casi toda la sociedad productiva cántabra.
 
Juan Hormachea expresidente
Miguel Angel Revilla expresidente
Podríamos pensar que los sucesivos gobiernos autonómicos han estado en manos de personas incompetentes e ineptas para el desempeño de la funciones para las cual se les había votado. Nada más lejos de la realidad. Toda las políticas desarrollas hasta la época responden a un modelo concreto de entender la economía, que podemos denominar política neoliberal o simplemente de derechas. Esta forma de gobernar solo tiene un objetivo que es poner toda la riqueza y recursos siempre al servicio de las élites y de las grandes empresas. La ultima cuchillada trapera al denominado Estado del Bienestar ha llegado de la mano del gobierno del PP de Rajoy, que con la modificación del estatuto de los trabajadores ha acentuado más aún si cabe la inestabilidad y la incertidumbre laboral, en definitiva la pobreza entre los trabajadores de Cantabria y España. En estas leyes queda plasmada a sangre y fuego la ideología de la clase dirigente, que no es otra que el neoliberalismo, como máxima expresión de cómo deben ser las relaciones sociales dentro del sistema económico. Está claro que estas políticas no son producto de una política errática sino que responden a los intereses de una minoría, que cada vez más se está enriqueciendo con estas nuevas leyes en detrimento de las clases populares que las sufren.

Dolores Gorostiaga exvicepresidenta
Ignacio Diego Presidente de Cantabria
La actual crisis-estafa que padece no solo Cantabria sino también España se debe, entre otro muchos factores, a la falta de una planificación económica, lo que deriva fundamentalmente de la falta de independencia a la hora de desarrollar otras políticas económicas diametralmente opuestas a las que estamos padeciendo actualmente. Estamos supeditados a los intereses de las oligarquías del norte de Europa, en especial de Alemania, que son al fin y al cabo los que dictan las normas y asignan a cada país de la Unión Europea su rol en beneficio de sus propios intereses económicos. Pero esto no sería posible sin la complicidad de los sucesivos gobiernos españoles que en vez de actuar como auténticos representantes del pueblo actúan como los gerentes de lujo de los bancos y multinacionales, tanto de aquí como extranjeras. Salve recordar como ejemplo ilustrativo de este estado de cosas, la reciente reforma de la constitución que pactaron el PP y el PSOE que se produjo con nocturnidad y alevosía. Reforma que se hizo de espaldas al pueblo sin una consultar popular a través de un referéndum. Esta maquiavélica modificación del artículo 135 cambió sustancialmente su contenido de forma que este se adecuara a los intereses de los mercados, con lo que toda la riqueza de España queda supedita a pagar la deuda y sus astronómicos intereses antes que atender a las necesidades básicas de su propio pueblo, al que habían jurado servir y defender. O sea que como se decía antiguamente ¡Como unos auténticos vende patrias!
Es indudable que estamos ante diferentes formas de enfocar la política, que cada política obedece a una ideología en concreto y que la economía ni es neutra ni se rige por leyes físicas como otras ciencias. Por un lado tenemos recortes en sanidad, educación, en becas, en ayudas de dependencia, las bajadas de salarios, abaratar los despidos y reducir drásticamente las prestaciones por desempleo. Es decir, medidas que atentan contra las piedras angulares para conseguir una sociedad igualitaria, justa en definitiva democrática de verdad. Todos estos recortes no se hacen por cuestiones pragmáticas o de necesidad para mantener el sistema del bienestar y salir de la crisis-estafa. Como habitualmente defiende el gobierno y la inmensa mayoría de medios de comunicación. Todo lo contrario, solo son medidas que sirven para convertir esos servicios en una mercancía con la que seguir engrosando sus enormes ganancias, sin importarles sus consecuencias sociales. Es política y responde a la ideología y los intereses de las oligarquías.

Si a esta dramática situación le unimos las antiguas recetas y las nuevas que se han aplicado hasta la fecha como la subida de las tarifas energéticas de servicios de telefonía, informática, televisión, la de alimentos básicos, el copago en los medicamentos, el aumento indiscriminado del IVA , la presión fiscal sobre autónomos, pequeñas y medianas empresas. Todas estas medidas no hacen más que agravar la crisis, ya que por un lado encarecen los productos imposibilitando su adquisición por parte de las capas que más sienten en su bolsillo la pérdida de poder adquisitivo. De esta forma se retrotrae el consumo interno, los autónomos dejan su actividad, las empresas pequeñas y medianas se ven abocadas a reducir sus plantillas para poder subsistir o en la mayoría de los casos cierran por falta de clientes y de liquidez. Todo ese panorama se agrava con las recetas de “austeridad” –eufemismo que sustituye a recortes- en la administración pública, la escasez de convocatorias de oposiciones, el despido de personal laboral, la congelación y bajada de salarios de los servidores de lo público. Todo ello se traduce en menos consumo, que indefectiblemente hace aumentar más el paro en una espiral que no tiene fin.

Además de estos problemas que más o menos son comunes a los que se padecen dentro del sistema capitalista de cualquier país, debemos añadir los que son propios e identitarios como país que jamás ha logrado convertirse en una nación moderna, no solo en tecnología sino también en valores de ciudadanía y de concepción del estado. Estos males particulares como son la usura y la corrupción de estado los podemos contemplar en los siguientes ejemplos como son la especulación del precio de las viviendas con sus hipotecas usureras, el cobro abusivo de comisiones de productos financieros engañosos por partes de los bancos, las Sicav, la evasión de divisas a los paraísos fiscales, el fraude fiscal etc., etc... Son las que han posibilitado al final, y no el azar, esta actual crisis-estafa. Esta “crisis” económica que solo padecen los que venden su fuerza de trabajo y esta estafa de régimen en que la separación entre el poder judicial y legislativo no existe y permite la corrupción de los poderosos, tanto de los políticos como de los empresarios corruptores quede impune. Solo así se explica porque España y en especial Cantabria, en la que sus números económicos y datos de paro sobresalen sobre la media nacional, somos incapaces de salir de esta recesión económica que se prolonga ya por espacio de casi cinco años y tienen visos de prologarse en el tiempo a tenor de las recetas aplicadas con respecto al resto de países de la comunidad europea que no han acusado tan fuertemente la crisis como los que tienen sus economías orientadas a la especulación y subordinadas a los intereses de los mercados.

Los problemas del sistema y de la sociedad que nos aquejan han sido endémicos históricamente y son los que son, no nos vamos a engañar a estas alturas. Es ahora en estos momentos en que las contradicciones de la filosofía liberal salen a flote con más nitidez, es necesario y posible hacer otras políticas que no pasen por estas recetas ineficaces para corregir la distribución de la riqueza, de hecho nunca fueron su objetivo principal. Es necesario crear políticas radicalmente opuestas que estén encaminadas a contribuir al bienestar de la inmensa mayoría de las capas de la sociedad que sin este tipo de políticas no podrían acceder a ciertos servicios necesarios, y que paulatinamente aumenta el número de personas que están excluidas socialmente o al borde del mismo.

Un gobierno valiente deberá en primer lugar hacer una auditoría de la deuda y repudiar toda aquella parte que sea ilegitima. Es precisamente está la que hace que el déficit público nunca baje debido a los enorme intereses que el estado debe abonar y se convierte así en una rémora para cualquier aplicación de políticas que pasen por la inversión pública. Deuda que por cierto estamos soportando y que por desgracia pagamos los trabajadores a través de nuestras declaraciones de la renta, hay que tener en cuenta que el 70 por ciento de la recaudación de los impuestos sale de las rentas del trabajo. Al aumentar el número de parados desciende la recaudación, lo que el gobierno ha intentado paliar a través de la sucesiva subida de los diferentes tipos de IVA. Pero sin duda la lucha contra el fraude fiscal, la evasión de divisas a paraísos fiscales y la persecución implacable de la corrupción es donde más hincapié debe hacer cualquier gobierno que de verdad aspire a sacar a España y por ende a Cantabria de la recesión económica. Esto nos llevara a replantear la fórmula actual tributaria, sustituyéndola por otra en la cual la recaudación sea progresiva. Entendiendo está, que el que más tiene más debe contribuir al sostenimiento de las infraestructuras y servicios del Estado del bienestar, porque son los que más provecho sacan del sistema. Esto aparte de ser una cuestión moral es un auténtico deber cívico como ocurre en los demás países del norte de Europa.

Por todo ello es irrenunciable la apuesta por lo público como modelo de desarrollo económico, con políticas que posibiliten la ampliación del empleo público, pues España es uno de los países de la UE que menos destina al gasto público por habitante. Aparte de aumentar la oferta de trabajo estaremos dando más calidad en los servicios públicos pero sobre todo, como una cuestión moral irrenunciable, estaremos cubriendo necesidades básicas a las que de otro modo, debido a la escasez de recursos o por su elevado costo, solo pueden acceder las clases más pudientes. Está claro que la iniciativa privada es incapaz de por ella sola de crear empleo pues no quiere arriesgar y prefiere el modelo especulativo que es el que le está reportando pingues beneficios sin ningún riesgo de capital. Ha sido históricamente la intervención del estado la que siempre ha posibilitado la salida de las recesiones pues se convierte en el motor que crea empleo.

Todo esto unido a una nueva promulgación de leyes que garanticen los derechos de los trabajadores, aumento del salario base hasta equipararlo al de los países de la UE que más alto lo tienen. Reducción de la jornada laboral y de la edad de jubilación obligatoria para repartir el trabajo y más personas puedan encontrar empleo. Garantizar pensiones dignas al jubilarse y sobre todo que estas vuelvan a subir según el IPC. Creación de una ley que garantice una renta básica a todas aquellas personas que no puedan encontrar trabajo y carezcan de recursos. Como así mismo un aumento en el cobro por prestaciones por desempleo, etc., etc… Todas estas políticas implementadas con audacia y coordinadas permitirán a su vez la reactivación del consumo interno y de esta forma posibilitar la creación de nuevas empresas. Estos son ejemplos más que ilustrativos con los que se pueden hacer políticas alternativas y notablemente diferentes a las políticas neoliberales de máximo beneficio privado y sálvense quien pueda. Un estado moderno no puede renunciar a crear una sociedad igualitaria, lo contrario corresponde a naciones atrasadas y ancladas en conceptos del pasado.

Pero por encima de todo es primordial un nuevo sistema de gobierno y este solo se dará en un marco que supere al actual régimen monárquico y que se plasme en un modelo republicano dotado de contenido y no vacío como el actual. Es necesario que todas estas ideas se plasmen en la creación de una nueva constitución que dé cabida a todas las reivindicaciones tanto sociales como de modelo de estado. Esto solo será posible a través de una asamblea constituyente pero para esto hace falta conquistar el poder institucional. En estos momentos históricos solo es posible cambiar las leyes mediante la promulgación y sanción a través de la vía institucional. Solamente así, arrebatándoles el control del Estado, podremos derrocar del poder a esa minoría que está utilizando los resortes del estado para su propio lucro. Y este solo pasa a través de la creación de un movimiento político y social que esté dispuesto a aplicar estas políticas de izquierdas.

Recetas milagrosas no existen y todo este proceso será convulsivo y nos encontraremos de una fuerte oposición de los poderes fácticos tanto externos como internos. Por eso debemos estar preparados para cualquier contingencia e ir solucionando los problemas y corrigiendo los desequilibrios a medida que estos se sucedan. No hay una formula científica o exacta que nos diga cómo salir pero sí es una verdad inmutable que sin voluntad política todo estas medidas y otras no se podrán jamás aplicar. Solo con la unidad de todos los sectores de la población trabajadora, de los movimientos asociativos, de los sindicatos y de los partidos políticos (de izquierda) plasmados en un proyecto común podrán llevarse a cabo estas políticas. Sin un gobierno con Voluntad política, y sobre todo sin la acción decidida y de la Voluntad popular. No habrá salida de la crisis-estafa.


Andrés Eugenio Diez Villegas







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